¿Por qué «Reparación» y no «Expiación»?

por José Lorenzo Rodríguez

Es difícil hacer una lista de los términos más importantes de Un Curso de Milagros. Pero, sin duda, la palabra «Expiación», tal como aparece en la edición de Un Curso de Milagros traducida por la Fundación para la Paz Interior, tiene que ser uno de ellos. Curiosamente, es también una de las palabras más rodeadas de un aire de misterio y que, según mi experiencia, prácticamente nadie entiende.

Este no es un fenómeno exclusivo de los estudiantes de Un Curso de Milagros en español. Creo que la confusión acompaña por igual a estudiantes de todas las lenguas. Sin embargo, creo que los estudiantes de habla hispana hemos tenido una dificultad adicional a la hora de comprenderla: la palabra «expiación» no traduce con precisión la palabra atonement que Jesús usa en el Curso.

El uso de una palabra menos precisa nos ha obligado a decir que el Curso «redefine» por completo este término, y nos ha dado licencia para ponerle el significado que a cada uno de nosotros le resulte más conveniente. En última instancia, no hemos podido aprender lo que el Curso quiere decir porque no hemos dejado que el Curso nos transmita su propio significado.

El proceso de traducir al español la edición Completa y Anotada de Un Curso de Milagros nos brinda una nueva oportunidad de corregir el rumbo, de ofrecer a los futuros estudiantes el beneficio de nuestra nueva comprensión y, así, de hacerles el camino mucho más ligero. Sin duda, también representa una gran responsabilidad y, a la vez, un gran reto. Es una gran responsabilidad porque nuestro amor por este camino espiritual nos obliga a fundamentar nuestras decisiones de traducción no en nuestra interpretación del Curso, sino en evidencia objetiva que se encuentre en la misma obra que estamos traduciendo.

Es, además, un gran reto porque nuestra traducción será compartida en un mundo que ha estudiado el Curso durante varias décadas con el vocabulario que le llegó a través de la traducción de Rosa María Wynn. Ella también se encontró ante el reto de traducir la palabra atonement, y la recuerdo muy vívidamente contando el momento en que se dio cuenta de que la palabra correcta para traducirla era «expiación», en contra de las expectativas de muchas personas. Rosa María defendió muy inteligentemente su decisión e hizo de esta palabra el tema central de sus enseñanzas, como fruto de su propia experiencia espiritual, que le indicó la importancia de su elección.

Imagino que, al igual que me sucedió a mí, quienes han leído Un Curso de Milagros durante años tendrán una reacción incómoda al leer la siguiente frase:

«Los milagros forman parte de una cadena entrelazada de perdón que, cuando se completa, es la Reparación». (T-1.24.1:1)

Aunque no lo pensemos así, quienes hemos estudiado Un Curso de Milagros con su traducción somos, de alguna manera, los herederos espirituales de su trabajo. Creo que por esta razón, de todas las palabras que uno podría traducir de una manera distinta, «expiación» es la que tiene el potencial de ser la más emocional para quienes heredamos su legado. Para ellos está escrito este artículo.

Al mismo tiempo, habrá quienes se sientan ajenos a lo que acabo de describir. Se preguntarán, entonces: ¿qué importancia puede tener una sola palabra? Este artículo también pretende mostrar cómo la elección de una palabra puede alterar por completo el entendimiento y la práctica de todo un camino espiritual.

Atonement, la palabra original

En la edición Completa y Anotada de Un Curso de Milagros hemos traducido la palabra atonement como «reparación». Para entender el trasfondo de esta elección, necesitamos ver la definición de esta palabra en inglés, según el diccionario Merriam-Webster:

atonement:

  1. Reparación que se ofrece por una ofensa o injuria: desagravio. (reparation for an offense or injury: satisfaction)
  2. La reconciliación de Dios y la humanidad a través del sacrificio de la muerte de Jesús.
  3. (Obsoleto) Reconciliación.

Además, la palabra atone se puede usar como verbo, y el Curso la usa en varias ocasiones.

atone:

  1. Hacer enmiendas: compensar a alguien por un daño.
  2. Hacer una reparación o proveer una satisfacción.
  3. (Obsoleto) Reconciliar.

Por último, el Curso también usa at one (separado).

at one:

  1. Estar en armonía: en un estado de concordancia.

Si hiciéramos un resumen que recogiera todas estas acepciones, podríamos decir que esta palabra, en su uso cotidiano, expresa esta idea: alguien hace algo para anular o compensar un daño, con el objetivo de llegar a una reconciliación o a un estado de acuerdo. En el caso de Jesús, él mismo se ofrece como compensación a través de su muerte para lograr la reconciliación de la humanidad con Dios.

¿Cómo la usa el Curso?

Lo interesante del uso de esta palabra en el Curso es que Jesús usa todas sus acepciones, y por eso cualquier palabra que se elija para traducirla necesita preservarlas todas. Por suerte, el Curso también da amplias explicaciones acerca de cómo quiere que entendamos esta palabra. Voy a presentar varias de ellas, dejando la palabra sin traducir, para mostrar que su significado puede extraerse fácilmente de la explicación:

«La palabra “atone” significa realmente “deshacer”. Si buscas “atonement”, encontrarás que un significado en desuso es “aunar o reconciliar; acordar”. Obviamente, antes de que la reconciliación o el acuerdo sea posible, lo que está en desacuerdo debe ser deshecho». (T-1.24.4:1-3)

Lo que quiere decir este párrafo es que esta palabra misteriosa se refiere a un proceso y no a un resultado. Es decir, atonement se refiere más a una acción (hacer algo para enmendar o deshacer) que al resultado (estar reconciliado). Si el objetivo es la reconciliación, atonement es el proceso para llegar allí. La propia forma de la palabra lo sugiere: entre los significados del sufijo inglés -ment está precisamente el de «acción» o «proceso».

La otra pista está en la palabra «deshacer». La definición de diccionario de esta palabra en inglés, undo, es «dejar sin efecto o como si no se hubiese hecho: anular, revertir» (to make of no effect or as if not done: make null: reverse). Es decir, la palabra que queremos traducir está íntimamente relacionada con anular el daño y revertirlo: volver las cosas al estado que tenían antes.

Dar amor donde antes se dio odio

En las primeras páginas de esta nueva edición, la palabra atone se usa con frecuencia para referirse al acto de dar amor donde antes se había dado odio. Así lo recoge Robert Perry en su comentario del Cameo 10, en los anexos de esta edición:

«Esto no significa que esté saldando una deuda mediante trabajos forzados. En este material inicial, [la atonement] a menudo adopta la forma de una limpieza completa del pasado, dando amor donde antes dimos odio. La luz del amor en el presente disipa la oscuridad imaginaria del pasado».

Perry se refiere aquí a un episodio en el que Helen va a visitar a su suegra en lugar de quedarse en casa lavándose el pelo. Mientras espera el ascensor, Helen se da cuenta de que está contenta de ir, porque ve en ese gesto una manera de reparar su propia falta de amor hacia su marido y, en cierto modo, también las faltas de Dave, un hombre que acababa de morir y por quien ella había estado rezando. Jesús le explica entonces por qué un acto de amor puede reparar incluso en nombre de otra persona: «la reparación en sí misma es una».

Es decir, la palabra que queremos traducir está asociada con «resarcir», «enmendar» o «compensar».

La resurrección de Jesús

Quizás el lugar donde el término adopta su característica más memorable es aquel en que Jesús asocia la palabra atonement a su resurrección. Lo hace para corregir un malentendido: nos dice que históricamente hemos visto su crucifixión como un sacrificio para lograr la reconciliación con Dios, pero que lo habíamos entendido mal:

«La crucifixión no estableció la [Atonement]; lo hizo la resurrección. Este es un punto que muchos cristianos sinceros de corazón no han comprendido correctamente». (T-3.III.1:2-3)

En su lugar, nos enseña que la crucifixión fue un ejemplo extremo en el que él pudo demostrar que dar amor es la única respuesta cuerda ante los ataques de los demás, y que su resultado, la resurrección, demuestra que es así.

En cuanto a la traducción, este uso nos plantea dos cosas. En primer lugar, la palabra Atonement también se refiere a un evento histórico en particular. Y, en segundo lugar, Jesús está corrigiendo en el Curso una palabra que se asocia con su muerte como sacrificio.

Una visión unificada

Si tomamos lo que dice el Curso acerca de esta palabra, podríamos llegar a una idea como esta: atonement es un proceso o una acción en la que se da amor donde antes no lo había, o donde se daba odio, con el propósito de restablecer un estado preexistente de concordia y unión. A través de esta acción, las partes en conflicto, o separadas, quedan reconciliadas, aunadas y en armonía. Aunque esta palabra se ha asociado a la muerte de Jesús como un castigo o un sacrificio, él nos enseña que, ante el odio y el ataque de los demás, el amor que dio fue suficiente para revertir el daño y dar como resultado la resurrección.

¿Es tan diferente la definición del Curso de la definición del diccionario? Claramente, Jesús no está haciendo una redefinición radical de la palabra en la que todo su significado anterior se tira por la borda, sino que se apoya en su significado original y lo deslastra de toda connotación de castigo o sacrificio.

Reparación

Necesitamos, entonces, una palabra que se aproxime lo más posible al significado que, como hemos visto, tiene en inglés. En particular, esta palabra:

  • Tiene que evocar la idea de desagravio: dar algo en compensación por una falta.
  • Necesariamente tiene que indicar que se restaura o se deshace lo que está mal.
  • Se usa de forma cotidiana, sin connotaciones de pena impuesta.
  • Indica normalmente una acción y no su resultado.
  • Se puede usar como el proceso para lograr una reconciliación.
  • Tiene que estar asociada al sacrificio de Jesús, tal como lo ha visto la Iglesia.

La mejor palabra que tenemos en español para cumplir todas estas condiciones es «reparación». No solo es la primera palabra que aparece en el diccionario inglés para definir atonement, sino que su significado en español se ajusta perfectamente. Así la define la RAE:

reparación:

  1. Acción y efecto de reparar algo roto o estropeado.
  2. Desagravio, satisfacción completa de una ofensa, daño o injuria.

reparar:

  1. Volver a poner en buen estado.
  2. Enmendar, corregir, remediar, restablecer al estado que tenía antes.
  3. Desagraviar, satisfacer al ofendido.

Como pueden ver, esta palabra satisface perfectamente muchos de los requisitos que buscamos. Además, solemos decir que dos personas han reparado su relación para expresar que se han reconciliado.

Veamos, entonces, cómo queda esta palabra en una de las frases que vimos anteriormente:

«La palabra “reparar” significa realmente “deshacer”». (T-1.24.4:1)

Quien lea esto no podrá sino asentir ante lo obvio de la afirmación. ¿No es reparar lo mismo que deshacer el daño en algo?

Veamos una más:

«La integridad es el contenido perceptual del milagro. Por tanto, corrige, o repara, la distorsionada percepción de carencia». (T-1.42.1)

Nuevamente, lo que pudo ser una frase enigmática se vuelve obvia en su primera lectura. El milagro ve la integridad o entereza de las personas. Por eso, el milagro es la reparación o compensación perfecta de toda percepción de carencia.

El único requisito que, al parecer, no hemos satisfecho hasta el momento es la asociación entre la reparación y la muerte de Jesús. De este tema hablaremos un poco más adelante. Primero, echemos un vistazo a la otra alternativa.

¿Qué significa «expiación» y por qué se usó?

Como veremos, la palabra «expiación» tiene un sentido más amplio y, si se quiere, más oscuro. La RAE recoge esta definición:

expiación:

  1. Acción y efecto de expiar.

expiar:

  1. Borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio.
  2. Purificar algo profanado, como un templo.
  3. Dicho de un delincuente: sufrir la pena impuesta por los tribunales.
  4. Padecer trabajos a causa de desaciertos o malos procederes.

De entrada, podemos ver que las acepciones de esta palabra no se acercan mucho a las del inglés. Pero sí nos recuerda más directamente la muerte de Jesús y, por tanto, satisface la condición de la que aún no hemos hablado en el caso de «reparación». «Expiación» tiene una connotación más punitiva, centrada en la culpa, y no apunta a la idea de reconciliación o de estar en armonía.

Curiosamente, el mundo católico hispano rara vez se refiere a lo que hizo Jesús como una expiación en el habla cotidiana. Normalmente se habla de un sacrificio o de una redención, pero creo que la palabra «expiación» se oye muy poco, a pesar de que sí es un término que se usa oficialmente para ello.

De hecho, mi abuela me llevaba a la iglesia desde que era niño y no recuerdo una sola vez en que se pronunciara esa palabra. Entonces, ¿cómo llegó «expiación» a asociarse con atonement como si fueran un mismo concepto? Parece ser más un accidente histórico que algo deliberado. En el corazón de esta confusión se encuentra el hecho de que, como vimos, la palabra atonement recoge al mismo tiempo la idea de deshacer el daño, la de compensar a otro por él y la de reconciliarse.

Uno de los lugares donde esta confusión es más evidente es este pasaje de la Biblia:

Romanos 5:11: «Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación». (RVR1960)

Allí donde dice «reconciliación», las traducciones inglesas clásicas de ese mismo pasaje usan atonement:

Romans 5:11: «And not only so, but we also joy in God through our Lord Jesus Christ, by whom we have now received the atonement». (KJV)

Sin embargo, cuando el Antiguo Testamento hace referencia a la antigua práctica de lavar los pecados mediante un sacrificio de sangre en el altar, donde en hebreo está escrito kipper, en español se traduce como «expiación», mientras que en inglés se sigue utilizando atonement. Véase, por ejemplo, Levítico 23:27-28:

«[...] porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios». (RVR1960)

«[...] for it is a day of atonement, to make an atonement for you before the LORD your God». (KJV)

En otras palabras, donde el inglés usa la misma palabra tanto para el rito de sacrificio como para la reconciliación, en español se ha optado por separar los términos. El accidente histórico parece provenir de la Reforma protestante del siglo XVI. En su Pentateuco de 1530, William Tyndale usa atonement 63 veces para traducir el hebreo kipper, que en latín se había traducido como expiatio, y además acuña la expresión Day of Atonement, el día que hoy conocemos como Yom Kipur o Día de la Expiación. Por eso, los diccionarios bilingües suelen dar «expiación» como traducción de atonement.

Por tanto, hay dos razones que nos llevan a descartar esta palabra en nuestra traducción. En primer lugar, «expiación» solo recoge un aspecto de lo que se intenta traducir, al enfocarse en el aspecto punitivo del término. En segundo lugar, no es una palabra de uso común y, en mi experiencia, esto hace que los estudiantes se desconecten por completo de su significado. Por estas razones, consideramos que no es el mejor término para usar en Un Curso de Milagros.

La Iglesia católica: expiación y reparación

A pesar de lo dicho, la palabra «expiación» permaneció en nuestros borradores de traducción durante mucho tiempo. El mayor obstáculo, en mi mente, era que la palabra «reparación» claramente no se asociaba con la muerte de Jesús y que, por esa razón, las secciones en las que Jesús corrige el malentendido no tendrían sentido alguno.

Para mi sorpresa, una tarde en que me animé a ponerlo en duda, descubrí que había estado equivocado. En la doctrina católica, «reparación» y «expiación» son casi sinónimos, y ambos términos remiten a la cruz. Por ejemplo, en el Catecismo de la Iglesia Católica se pueden encontrar estas frases:

  • «para reparar nuestra desobediencia» (n.o 614)
  • «Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados» (n.o 615)
  • «se dio a sí mismo en expiación» (n.o 615)
  • «confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo» (n.o 616)

Los escritos del papa Pío XI usan ambos términos de manera intercambiable. Su encíclica Miserentissimus Redemptor (1928) lleva en español el título «Sobre la expiación que todos deben al Sagrado Corazón de Jesús», mientras que su versión inglesa se titula On reparation to the Sacred Heart. Uno de sus apartados se llama, precisamente, «La expiación o reparación», y en él se lee: «A este deber llamamos vulgarmente reparación» (§5).

En definitiva, esto derriba la última barrera para usar «reparación» como traducción de atonement. Cuando Jesús se refiere en el Curso a la «Reparación» como evento histórico, se puede entender que habla de la supuesta reparación que hizo por los pecados del hombre, y nos da su explicación de por qué hemos malentendido ese hecho.

¿Realmente importa este cambio?

Las palabras que usamos crean el molde con el que entendemos el mundo y los conceptos nuevos. No conozco a ningún estudiante de Un Curso de Milagros que no me haya preguntado alguna vez por qué el Curso tuvo que escribirse con un lenguaje tan complicado. De alguna manera, todos reconocemos que usar palabras comprensibles facilita en gran medida la comprensión. Ante un libro que ya consideramos difícil de entender, por las razones que sean, ¿queremos realmente añadirle dificultad usando palabras que no expresan lo que el autor quiere decir?

Además, ¿qué pasaría si la palabra correcta apuntara también a una práctica acertada? Veamos, por ejemplo, esta cita del capítulo 2:

«[...] los pasos [en el proceso de corregir el miedo] pueden reformularse como sigue:

Primero date cuenta de que esto es miedo.
El miedo surge de la falta de amor.
El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.
El amor perfecto es la Reparación». (T-2.IX.12)

¿Cómo se repara, o se compensa, una falta de amor? No hace falta mucha explicación para entender que una falta de amor se repara dando amor. Por eso, la línea siguiente dice:

«El último paso del procedimiento es inherente a la última afirmación».

Es decir, la última línea de ese párrafo es un simple comentario sobre la línea anterior, que dice que «el único remedio para la falta de amor es el amor perfecto». En otras palabras, dar amor repara una falta de amor. ¡Qué simple y qué obvio!

Sin embargo, también es obvio para mí que ese párrafo, en su versión anterior, que termina con «El amor perfecto es la Expiación», ha confundido a muchas personas que conozco. Deja de ser un comentario evidente para el lector y se transforma en un enigma espiritual que hay que descifrar.

Mi experiencia compartiendo la traducción parcial en el Círculo Reparador es que cambios como este han traído grandes avances en el aprendizaje y la práctica, tanto de estudiantes nuevos como de los más experimentados.

Una palabra que se vive

Al final, la mejor prueba de una palabra no está en el diccionario, sino en lo que hace en nosotros cuando la leemos. «Expiación» nos coloca ante una deuda que alguien tiene que pagar. «Reparación» nos coloca ante algo mucho más cercano y mucho más esperanzador: una relación rota que podemos restaurar, un error que podemos deshacer, una falta de amor que podemos sanar dando amor. Eso es lo que Helen descubrió esperando el ascensor, y es lo que Jesús nos enseña con su resurrección: que no hay daño que el amor no pueda reparar.

Esa es también la razón de nuestro nombre. Somos el Círculo Reparador porque creemos que esta es la tarea que el Curso nos propone a cada uno: reparar, junto con Jesús, cada lugar donde negamos el amor, hasta que no quede nada que nos separe ni de nuestros hermanos ni de Dios.

Por eso hemos puesto tanto cuidado y esfuerzo en elegir cada palabra de esta traducción. Confiamos en que, como fruto de este trabajo, habremos contribuido a que este maravilloso camino espiritual sea un poco más claro para quienes lo recorren en español. Si quieres seguir el avance de la traducción, puedes hacerlo en circuloreparador.com/traduccion.