La Madre Teresa cosechó el respeto del mundo al tenderles la mano a marginados y a los miembros de la sociedad menos favorecidos. No importan las creencias formales que uno tenga, o lo que uno haga con la vida, no podemos menos que admirar tal comportamiento. Innatamente tenemos la sensación de algo noble y verdadero, algo de Dios.
En esta etapa de la historia de Un Curso de Milagros, los que estudian sus enseñanzas no parecen tener fama de este tipo de extensión desinteresada. Es más, yo diría que nuestra fama está en la otra punta del espectro. En “A Better Way” hemos citado más de una vez los comentarios sobre los movimientos religiosos de California, hechos por un experto no identificado. Este experto le dijo a la revista Time que el Curso es “la religión desconectada perfecta” que “le permite a la gente impulsiva, ensimismada, narcisista continuar con sus costumbres.”
Por cierto, es un comentario poco caritativo. Pero no totalmente sin razón. En mi experiencia, nosotros, los estudiantes del Curso, como población no pareciéramos ponerle gran énfasis en el servicio a otros, especialmente si no son como nosotros – de clase media y cierta cultura. Aun cuando lo hacemos, las más de las veces no lo vemos como algo que el Curso patrocine, sino como algo separado del Curso. En vez de hablar de cómo podríamos ayudar más, muchas veces escucho que tratando de ayudar a otros hacemos el error real. Después de todo, decimos, ¿si el mundo es sólo una ilusión, porqué tratar de arreglarlo?
En respuesta a nuestros planes de dedicar este año al servicio, acá en el Círculo, hemos encontrado esta ambivalencia hacia el servicio. Nuestra intención de hacer un esfuerzo para servir a gente necesitada, gente que tal vez esté por debajo nuestro en la escala social, les ha parecido forzado, innecesario, y hasta torpe a muchos estudiantes. Su respuesta parece decir que es bueno ser bondadoso con la gente que encontramos naturalmente, que, por supuesto, siempre va a ser la gente que ya es parte de nuestra vida. Pero salir a buscar a completos extraños con el solo propósito de ayudarlos parece antinatural, hasta ajeno al Curso.
Yo, personalmente, creo que nuestra comunidad del Curso tiene frente suyo un tema mayúsculo que debe afrontar. Henos aquí creyendo que el autor de nuestro camino es un hombre a quien se le reconoce haber cruzado los límites sociales, asociándose con los marginados, sanando a los ciegos y a los rengos. Así es como lo describe
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