Las experiencias espirituales de Helen Schucman: la fase mágica

por Robert Perry

Robert Perry, del Circle of Atonement, escribió este artículo como parte de una serie de clases sobre las experiencias espirituales de Helen Schucman, la escriba de Un Curso de Milagros. Lo publicamos traducido al español. Si quieres conocer primero quién fue Helen, lo tienes en «Helen Schucman: quién fue la escriba de Un Curso de Milagros»; y si buscas un resumen de quién escribió Un Curso de Milagros, lo tienes en nuestra página sobre el Curso.


Después del momento de unión entre Helen y Bill, en junio de 1965, Helen empezó a tener una serie de visiones interiores. Poco después empezó también a tener una serie de experiencias psíquicas. Ella lo llamó su «fase mágica». Y fue, en realidad, lo que la llevó directamente a poner por escrito el Curso. En esta clase veremos su fase mágica, lo que significó para ella, e intentaremos aplicar ese significado a nuestra propia vida.

El comienzo de la fase mágica: Joe necesita ayuda

La nueva fase comenzó un día cuando Bill y yo estábamos trabajando en un informe de investigación y yo me concentraba en el aspecto estadístico de la información. De pronto y muy inesperadamente solté los papeles y dije, con gran premura, «¡Pronto, Bill! Joe, tu amigo de Chicago está pensando en el suicidio. Debemos enviarle un mensaje de inmediato». Bill se sentó a mi lado mientras yo le enviaba un intenso mensaje mental a Joe. Las palabras que utilicé fueron: «La respuesta es la vida, no la muerte». Luego, le dije a Bill, «Te apuesto a que no pasaba nada», pero estaba equivocada. Bill llamó a su amigo aquella noche para preguntarle si estaba bien. Joe se alegró de que lo llamara; él había estado muy deprimido, y realmente había tomado un revólver aquella tarde, pero algo lo detuvo. Soltó el revólver. (Ausencia de felicidad, p. 119)

Es una historia extraordinaria. Abre la posibilidad muy real de que Helen salvara la vida de Joe, simplemente sentándose a distancia y enviándole una oración durante unos minutos. Llama la atención que esta experiencia tenga un reflejo muy cercano en el suplemento Psicoterapia. Allí dice:

Tus pacientes no necesitan estar presentes físicamente para que los sirvas en el Nombre de Dios. Puede que esto sea difícil de recordar, pero Dios no permitirá que Sus regalos para ti se limiten a los pocos que ves de hecho. También puedes ver a otros, pues el ver no se limita a los ojos del cuerpo. Algunos no necesitan tu presencia física. Te necesitan tanto, y quizá incluso más, en el instante en que te son enviados. Los reconocerás de la manera que más os ayude a los dos. No importa cómo lleguen. Te serán enviados en la forma que más ayude: un nombre, un pensamiento, una imagen, una idea, o quizá solo la sensación de tender la mano hacia alguien en algún lugar. La unión está en manos del Espíritu Santo. Es imposible que no se lleve a cabo. (P-3.I.3:1-10)1

Fíjate en lo que este pasaje y la experiencia de Helen tienen en común:

  • Puedes ayudar a personas que no están presentes físicamente.
  • Aunque no necesitan tu cercanía física, sí necesitan que las ayudes en el momento en que lo necesitan: necesitan tu cercanía en el tiempo. (Helen dijo: «¡Pronto, Bill!... Debemos enviarle un mensaje de inmediato». Psicoterapia dice: «Te necesitan... en el instante en que te son enviados».)
  • Te llegarán por medios psíquicos.
  • Tu respuesta es enviarles sanación en ese momento.

Esto recuerda también la visión de la sacerdotisa que tuvo Helen:

Ella estaba escondida del mundo en un blanco templo de marfil, ubicado en un valle muy amplio y verde. [...] Realmente lo que yo veía era poco más que un boceto de una diminuta, delgada mujer ataviada de blanco, quien jamás penetró en el mundo más allá del dintel de la puerta de un pequeño salón, el cual contenía un sencillo altar de madera adyacente a la pared más lejana. [...] La sacerdotisa permanecía cerca del altar, sentada sobre un banco de madera de poca altura, orando con los ojos cerrados por aquellos que acudían a ella en busca de ayuda.

No estaba segura del papel exacto que la sacerdotisa tenía en la felicidad de ellos, pero sabía que sus oraciones de algún modo hacían una contribución vital. También estaba segura de que gente de todas partes acudía a ella en busca de ayuda; algunos, de hecho, desde muy lejos. Ellos, sin embargo, no hablaban con la sacerdotisa directamente. Se arrodillaban uno a uno en el saliente que bordeaba una pared baja que separaba las partes interna y externa del templo, al tiempo que le planteaban sus necesidades a un hombre que parecía una especie de intermediario entre la sacerdotisa y el mundo. [...] El hombre le comunicaba a ella las necesidades de ellos. (Ausencia de felicidad, p. 104)2

Fíjate otra vez en lo que tiene en común con el pasaje de Psicoterapia y con la experiencia de Joe:

  • Alguien que no está presente físicamente necesita la ayuda de Helen (Joe, Psicoterapia).
  • Sus oraciones tienen un papel vital en el camino de esa persona (Joe, Psicoterapia).
  • Las necesidades de esa persona le llegan a través de un intermediario (¿Joe?, Psicoterapia).

El mensaje de conjunto que saco de estos tres textos es este: ayudar a alguien con la oración a distancia es algo real. No hay que tomárselo a la ligera. Probablemente pensamos: «¿Qué bien puede hacerle de verdad que rece por él?». Creemos en el poder de la interacción física, pero mucho menos en el poder de la mente y del Espíritu. Y, sin embargo, como Helen, quizá podríamos salvarle la vida a alguien con lo que, físicamente, no es más que sentarse y cerrar los ojos.

Bill busca el baño, y el prendedor de oro de Helen

Era difícil no estar impresionada, particularmente cuando acontecimientos sorpresivos continuaban ocurriendo durante un tiempo. Bill había salido a una reunión fuera de la ciudad, y a su regreso le describí el lugar donde se había quedado con lujo de detalles aun cuando yo jamás lo había visto. También le dije aparentemente con extraordinaria precisión varias cosas que habían sucedido allí antes de que él tuviera oportunidad de hablarme de ellas, aparentemente con extraordinaria precisión. [En una de ellas] yo había visto un cuadro claro de él en lo alto de una escalera, parado allí, vacilante, dando la vuelta, y luego regresando a la planta baja. Bill me dijo que en efecto él había hecho eso. No había notado donde quedaba el cuarto de baño, y pensó que tal vez podría estar arriba. Al subir la escalera, sin embargo, vio que sólo había puertas cerradas y sin letreros en la planta superior, y al sospechar que tal vez había pasado por alto la puerta en el primer piso, vaciló por un instante, y luego dio la vuelta para regresar. Más tarde le di una descripción muy detallada de la casa de un amigo en el campo donde él se quedó durante el fin de semana, incluso los colores de las paredes y los muebles. Posteriormente aún, cuando se fue de vacaciones a las Islas Vírgenes le envié un «mensaje mental» en el cual le describí un prendedor con un acabado florentino. Noté por casualidad que eran casi las diez de la mañana cuando se me ocurrió la idea. A su regreso Bill me entregó el prendedor. Él iba caminando por una calle donde se hacen compras a eso de las diez de la mañana después de su llegada con un amigo [Chip] quien también me conocía. Pasaban frente a una joyería. Bill no quería entrar, pero su amigo prácticamente insistió. El amigo también escogió un prendedor florentino de oro, y exhortó a Bill a que lo comprase para mí y le dijo que eso era lo que yo quería. (Ausencia de felicidad, p. 119)3

Helen está descubriendo aquí una capacidad que no sabía que tenía. La naturaleza de esa capacidad llama mucho la atención, claro, porque es muy rara. Pero las cuestiones en torno a cómo la usó son, en el fondo, las mismas que las que rodean el uso de nuestras capacidades. Podemos tener capacidades para la música, el arte, las matemáticas, la ciencia, los negocios..., y por corrientes que parezcan, nos enfrentamos con ellas a las mismas elecciones que veremos enfrentar a Helen con su capacidad psíquica.

Pregunta: ¿Tienes alguna capacidad poco común, sorprendente o llamativa? Puede ser poco común por su tipo (pocas personas la tienen) o por su grado (pocas la tienen en la medida en que tú la tienes). Si tienes más de una, elige la que tiene más importancia (o más importancia potencial) en tu vida. Una capacidad trivial (alguien contó una vez la historia de un hombre que podía meterse un grano de arroz por la nariz y sacarlo por el lagrimal) probablemente no sea la mejor. Intenta también elegir una capacidad a la que tengas acceso con regularidad.

Como puedes imaginar, descubrir estos dones psíquicos le causó a Helen una fuerte impresión. Si nos pasara a nosotros, probablemente nos preguntaríamos qué podríamos hacer, o conseguir, con esos poderes. ¿Podríamos adivinar los números de la próxima lotería? Ken Wapnick comenta lo que Helen sentía ante sus capacidades recién descubiertas:

Helen tenía reacciones ambivalentes a estas experiencias. Una parte de su mente estaba orgullosa de estas habilidades, incluso se encontraba disfrutando fantasías de poder y prestigio que estas habilidades le proporcionarían. Pero otra parte de su mente sentía un miedo considerable, y trataba desesperadamente de justificar con explicaciones los episodios, «llegando a grandes y hasta absurdos extremos» para hacerlo. Esta ambivalencia de atracción y miedo se hizo más fuerte durante un tiempo, llevándola a tener pesadillas que no podía recordar. Aunque Helen no podía recordar el contenido de los sueños, encontraba difícil el sacar las asociaciones de «brujería y maldad» de su mente.

[Helen comenta:] Mas el orgullo avanzaba al mismo paso que la ansiedad, y aunque sentía un creciente sentido de peligro también experimentaba un sentimiento concomitante de creciente engreimiento. (Ausencia de felicidad, p. 120)

Pregunta: En relación con la capacidad que anotaste antes, ¿qué has sentido respecto a ella? ¿Te has sentido engreído por ella? ¿Te ha causado ansiedad? ¿Has tenido miedo de usarla? ¿Te has apoyado en ella para sentirte especial o de un estatus superior? Sé tan sincero como puedas, sobre todo en lo que se refiere al orgullo y a sentirte especial.

En una frase, según tus pensamientos y sentimientos secretos, ¿qué crees que dice de ti esa capacidad? Completa la frase: «A la luz de esta capacidad, yo soy...».

Para comentar: ¿Notas alguna diferencia entre la experiencia de Joe y las demás? Son de naturaleza muy distinta. ¿Puedes precisar cuál es esa diferencia?

La historia de la Clínica Mayo

En plena fase mágica sucedió algo que, según Helen, contenía una

extraña mezcla de hecho y fantasía pero que también apuntaba hacia una futura dirección definida. El episodio comenzó con evidentes tintes mágicos, y prosiguió con una nota más religiosa y terminó con una simple situación de la vida real. (Ausencia de felicidad, p. 120)

Era la historia de Helen y Bill en la Clínica Mayo. Ocurrió en septiembre de 1965, poco antes de que empezara la escritura del Curso. Como hemos visto, los poderes psíquicos que estaba descubriendo le producían mucha ansiedad, pero también sentimientos de orgullo y de engreimiento. Sin saberlo, se acercaba a una decisión crucial sobre el propósito para el que usaría sus nuevos dones.

Por entonces, el hospital los envió a ella y a Bill a la Clínica Mayo en una visita de investigación. La noche antes de salir, a Helen se le presentó en la mente la imagen clara y detallada de una iglesia luterana, y tuvo la certeza de que la verían al día siguiente, al aterrizar en Rochester (Minnesota). Pero no la vieron, y tras una búsqueda agotadora en la que recorrieron en taxi veinticuatro de las veintisiete o veintiocho iglesias de la ciudad, siguieron sin encontrarla. Por fin, al día siguiente, mientras esperaban en el aeropuerto para volver a casa, Bill encontró una guía turística con una foto de la misma iglesia que Helen había «visto». Por ironías de la vida, había ocupado el solar de la actual Clínica Mayo, y la habían derribado para construir el hospital.

Pregúntate: ¿de qué sirve exactamente encontrar la iglesia? Su única utilidad es confirmar los poderes de Helen, demostrar que de verdad tenía esa capacidad. ¿Y no era esa también la utilidad de las otras experiencias que cité antes, las posteriores a la de Joe? Cuando describió a Bill buscando el baño, ¿de qué servía eso? Una vez más, solo para confirmar que los poderes de Helen existían y eran válidos. Esa es la diferencia entre aquellas experiencias posteriores y la primera, la de Joe (la pregunta que planteé antes). Con Joe, muy posiblemente le salvó la vida. Con Bill buscando el baño, igual que con la iglesia, no ayudó a nadie. Lo único que hizo fue demostrar que, en efecto, tenía ese poder. Puede parecer que exagero esta distinción, pero resultará ser la distinción decisiva de la fase mágica de Helen.

Pregunta: En cuanto a la capacidad sobre la que has estado escribiendo (o puedes elegir otra si quieres), ¿la has usado alguna vez de maneras cuyo único valor era demostrar que de verdad la tienes? ¿De qué maneras? Una vez más, sé tan sincero como puedas. Es el tipo de cosa que no nos gusta reconocer.

De regreso, Helen y Bill hicieron escala en Chicago. En el aeropuerto, Helen vio a una joven que evidentemente viajaba sola, sentada contra una pared. Así lo contaba Helen:

Acurrucada contra una pared había una solitaria mujer. Yo podía sentir olas y olas de angustia que fluían a través de ella. Se la señalé a Bill, quien se oponía a que yo hablase con ella. Ambos estábamos exhaustos, era muy tarde, y él no estaba como para implicarse con extraños en este momento. Además, yo podría simplemente estar imaginándome su angustia. Ella no mostraba señales externas de otra cosa que no fuese sueño. Yo no podía, sin embargo, escaparme del sentimiento de dolor que estaba recibiendo de ella. Finalmente le dije a Bill que no podía contenerme, y fui a hablar con ella. (Ausencia de felicidad, p. 122)

Es fácil pasar por alto lo que esto significa, pero entender la experiencia depende de ver lo que ocurrió aquí. Por fuera, la joven solo parecía tener sueño. ¿Cómo supo Helen que sentía angustia y dolor? Evidentemente, gracias a las mismas capacidades que Helen había usado para ver la iglesia. Era otro uso de sus poderes psíquicos, pero esta vez un uso muy distinto, muy parecido a la experiencia de Joe. Igual que había percibido que Joe estaba al borde del suicidio, ahora percibía que aquella mujer sufría mucho.

La joven se llamaba Charlotte. Le aterraba volar, así que Helen y Bill se ofrecieron a sentarse uno a cada lado de ella en el avión, y Helen le tomó la mano. Charlotte sentía que la vida «se le venía encima», así que, sin ningún plan, había dejado a su marido y a sus tres hijos y, con solo una maleta pequeña y unos cientos de dólares, se iba a Nueva York a empezar una nueva vida, sin saber siquiera dónde se alojaría.

Era luterana, y estaba segura de que todo lo que tenía que hacer era encontrar una iglesia luterana en Nueva York y allí la cuidarían. Bill y yo intercambiamos miradas. El mensaje no era difícil de captar. «Y esta», me pareció escuchar, «es mi verdadera iglesia... ayudar a otro; no el edificio que viste antes».4

Helen y Bill ayudaron mucho a Charlotte, de muchas maneras, durante su breve estancia en Nueva York. Incluso le encontraron una iglesia luterana donde alojarse (después de buscarle primero un hotel). Y cuando volvió con su familia, Helen siguió en contacto con ella durante muchos años.

Me parece una historia fascinante, con más de lo que se ve a primera vista. Mirémosla más de cerca. Helen empieza buscando una iglesia concreta. Pero en realidad es una búsqueda para confirmar sus poderes psíquicos. Esa búsqueda se frustra, y uno tiene la impresión de que debía frustrarse. Hay algo que no encaja en su afán por confirmar sus visiones psíquicas. Por eso, incluso cuando encuentra su iglesia, descubre que es una cosa muerta del pasado. La han sustituido por otra cosa, igual que debía sustituirse su fascinación por sus poderes.

Charlotte también busca una iglesia. Quiere un lugar de ayuda y de refugio en un momento difícil de su vida. Y, sin esperarlo, encuentra ese lugar en Helen y Bill. Su verdadera iglesia no era un edificio de Nueva York, sino dos personas que conoció por el camino. Y, por ironías de la vida, al encontrar Charlotte su iglesia, Helen encontró la suya. Puede que Helen buscara una iglesia concreta en Minnesota, pero al ayudar a Charlotte encontró una iglesia de una clase muy distinta. Encontró la clase de tierra santa de la que habla el Curso cuando dice: «El lugar más santo de la tierra es aquel donde un odio antiguo se ha convertido en un amor presente»5; o donde dos desconocidos se han unido en el amor.

En el proceso descubrió también el verdadero propósito de sus capacidades psíquicas, porque fueron esas capacidades las que la llevaron a las dos iglesias. El mismo poder que le reveló la iglesia luterana le reveló también la necesidad de Charlotte. ¿Cuál era el mejor uso de ese poder: ver edificios del pasado o sentir la necesidad de alguien en el presente? ¿Impresionar a los demás o ayudarlos?

Pregunta: Volviendo a la misma capacidad, ¿la has usado alguna vez solo para ayudar a los demás? ¿De qué maneras?

¿Qué beneficios te trajo usarla así?

Esta experiencia dejó huella en Helen. La llevó directamente al final de su fase mágica y, en concreto, a su visión de la cueva del pergamino poco después, en la que eligió usar sus poderes psíquicos como un canal para Dios, y no como una forma vistosa de leer el pasado y el futuro. Fue la elección de aceptar su papel como escriba del Curso, un proceso que empezó solo unas semanas después. Helen comenta:

[...] estarle muy agradecida. Tengo una idea de que yo jamás hubiese encontrado aquel pergamino [la visión del pergamino en la que eligió usar sus poderes solo para Dios] sin su ayuda. Muy bien podía ser que la magia tuviese que terminar con el simple hecho de Charlotte antes de que yo pudiese tomar la decisión final de abandonar la magia a cambio de algo mucho más deseable. (Ausencia de felicidad, p. 124)6

Es evidente que la experiencia de Helen fue guiada. De hecho, encaja exactamente en un modelo con el que llevo años trabajando. En ese modelo, dos o más acontecimientos ocurren, como por casualidad, muy juntos en el tiempo y se parecen de forma llamativa: tienen una serie de paralelismos entre sí. En el caso de Helen y Charlotte, tenemos dos historias paralelas que coinciden la misma noche. Estos son los paralelismos tal como yo los veo:

Paralelismos Helen Charlotte
Una mujer viaja a una ciudad lejana A Rochester (Minnesota) A Nueva York
Espera encontrar allí una iglesia luterana ...para confirmar sus capacidades psíquicas ...para encontrar refugio en una ciudad nueva, tras dejar a su familia
Esa iglesia simboliza una búsqueda más honda. En realidad intenta resolver una cuestión que decidirá su lugar en la vida Está resolviendo qué hacer con sus poderes psíquicos, una cuestión que decidirá si puede o no cumplir su función de poner por escrito el Curso Quiere salir de una situación que la asfixia y se pregunta si debe seguir con su marido y sus hijos
Encuentra la iglesia, pero no es lo que de verdad buscaba La iglesia ya no existe, es cosa del pasado. Encontrarla queda eclipsado por encontrar a Charlotte Se aloja en la iglesia, pero su experiencia en Nueva York gira en realidad en torno a su relación con Helen y Bill. Casi siempre acaba cenando en casa de Helen
Encuentra lo que buscaba en su relación con la otra mujer. Esa relación acaba eclipsando la cuestión de la iglesia Descubre qué hacer con sus poderes gracias a su relación con Charlotte Acaba poniendo en orden su vida gracias a su relación con Helen
Acaba abandonando el impulso concreto que la llevó a buscar la iglesia Deja de intentar usar sus poderes psíquicos para lucirse Se va de Nueva York y vuelve a casa con su familia
Resuelve la búsqueda más honda de su lugar en la vida Decide usar sus dones psíquicos para poner por escrito el Curso Con el tiempo decide dejar a su marido. Le cuenta a Helen que está «feliz y en paz». Helen escribe: «Parece que ha logrado mejorar su vida»7

Me parece extraordinario que dos historias tan paralelas converjan en una sola noche porque dos desconocidas se encuentran.

Hay además otra dimensión de significado. Si miras el lado de Helen de la historia, en realidad hay dos acontecimientos, los dos de aquella noche. El primero es que Bill encuentra la iglesia de Helen en la guía. El segundo es que Helen se encuentra con Charlotte, percibe su necesidad y responde a ella. En este caso, los dos acontecimientos tienen a la vez fuertes paralelismos y marcados contrastes. Los recojo a continuación:

Helen busca y encuentra su iglesia Helen percibe la necesidad de Charlotte y responde a ella
Helen percibió algo de forma psíquica: la iglesia Helen percibió algo de forma psíquica: la angustia de Charlotte
Lo que percibió se confirmó: la iglesia había existido de verdad Lo que percibió se confirmó: Charlotte sufría de verdad y estaba muy necesitada
En cierto modo, sin embargo, no se confirmó, porque lo que creía que estaría allí no estaba. La iglesia la habían derribado hacía mucho tiempo La angustia que Helen percibió no era algo de un pasado lejano, algo que ya no estaba, sino algo muy presente
Su visión psíquica de la iglesia no tuvo ninguna utilidad, salvo lucir sus poderes Su impresión psíquica fue muy útil, porque supuso un avance decisivo para Charlotte y para Helen, y una relación duradera entre ellas

Así que tenemos dos usos de sus capacidades, y los dos, en cierto sentido, acertados. Pero ahí acaban las semejanzas, y nos topamos con contrastes tan llamativos que uno sospecha que la experiencia estaba pensada para transmitir una lección. El primer uso solo servía para demostrar la capacidad de Helen. El segundo cambió para siempre la vida de dos personas. Y no solo esas dos vidas. La propia Helen dijo que quizá nunca habría puesto por escrito el Curso de no ser por Charlotte. Así que la elección de Helen de usar su capacidad para ayudar aquella noche a una desconocida necesitada nos cambió la vida a todos.

Juntemos ahora las dos tablas para ver el mensaje de conjunto. Helen intenta resolver la cuestión crucial de qué hacer con sus capacidades recién descubiertas. Empieza yendo en la dirección equivocada. Ve sus poderes como un fin en sí mismos, y por eso su búsqueda consiste solo en confirmar que existen. Pero luego da media vuelta. Usa sus capacidades para percibir la profunda necesidad de otra persona. Responde a esa necesidad, y cambia por completo la vida de una perfecta desconocida. Así descubre el verdadero uso de sus nuevos poderes. Y al resolver esa cuestión, resuelve otra más amplia que nadie había formulado. Al decidir dedicar sus capacidades paranormales a ayudar a los demás, encuentra su verdadero lugar en la vida: el de escriba de Un Curso de Milagros.

Ese mensaje de conjunto quedó condensado en la breve frase que Jesús le dijo aquella noche: «Y esta es mi verdadera iglesia... ayudar a otro; no el edificio que viste antes». La iglesia que de verdad quería encontrar no era la que ya no existía, la que simbolizaba su afán por demostrarse a sí misma sus capacidades. Era la iglesia en la que entró al usar sus capacidades para ayudar a Charlotte y unirse a ella.

Como ves, todo el mensaje está en la oposición entre los dos usos de los poderes de Helen. De un lado tenemos ver la iglesia, ver a Bill buscando el baño, ver la casa donde Bill había pasado unos días, enviarle a Bill el encargo del prendedor de oro. Del otro, percibir la necesidad desesperada de Joe y responder con una ayuda que le salvó la vida, y percibir la necesidad desesperada de Charlotte y responder con una ayuda que le cambió la vida. No podrían ser dos usos más distintos.

Esa misma oposición aparece en la sección 25 del Manual para el maestro, «¿Son deseables los poderes psíquicos?»:

Entregados al Espíritu Santo, y usados bajo Su dirección, son valiosas ayudas para la enseñanza. [...] Tomarlos como fines en sí mismos [que es justo como Helen se sintió tentada a tomarlos], no importa cómo se haga, retrasará el progreso. [...] He aquí fortalezas que el Espíritu Santo quiere y necesita [lo vemos con Joe y con Charlotte]. Sin embargo, el ego ve en estas mismas fortalezas una oportunidad para glorificarse [igual que el ego de Helen]. [...] Cualquier capacidad que alguien desarrolle tiene el potencial de hacer el bien. A esto no hay excepción [¡!]. Y cuanto más inusual e inesperado sea el poder, mayor es su utilidad potencial [simplemente porque el Espíritu Santo se dedica a cambiar mentes, y lo inusual capta la atención de la gente]. La salvación necesita todas las capacidades, pues lo que el mundo destruiría, el Espíritu Santo lo restauraría. Las capacidades «psíquicas» se han usado para invocar al diablo, lo cual simplemente significa fortalecer al ego. Y, sin embargo, aquí está también un gran canal de esperanza y de sanación al servicio del Espíritu Santo. (M-25.3, 4, 6)8

Solemos emprender el camino espiritual buscando alivio para nuestro dolor. Por eso quizá no veamos la importancia espiritual de esta cuestión de cómo usamos nuestras capacidades: de con cuánta responsabilidad las usamos. Parece algo muy alejado de la tarea de alcanzar la iluminación. Y, sin embargo, el Curso quiere que veamos esta cuestión como totalmente ligada a nuestra iluminación. Según su visión, nos iluminamos precisamente al usar nuestras capacidades con total responsabilidad, como canales de ayuda para nuestros hermanos. Así es como nos revelamos a nosotros mismos la santidad de nuestra naturaleza original. No recordaremos a Dios, dice el Curso, hasta que entreguemos todas nuestras capacidades al Espíritu Santo para que las use en la sanación de la Filiación:

Por tanto, todas las habilidades deben ser entregadas al Espíritu Santo, Quien sabe cómo usarlas adecuadamente. Él las utilizará solo para sanar [a los demás], porque te conoce solo como íntegro. Al sanar aprendes sobre la integridad, y al aprender sobre la integridad, aprendes a recordar a Dios. (T-7.III.5:1-3)9

Por tanto, igual que la decisión de Helen sobre cómo usar sus capacidades recién descubiertas fue absolutamente decisiva en su camino, nuestra decisión sobre cómo usar nuestras capacidades es decisiva en nuestro camino. No encontraremos nuestro verdadero lugar en la vida, ni nuestro verdadero lugar en Dios, hasta que tomemos la decisión correcta al respecto.

Pregunta: Si usaras esta capacidad solo para ayudar, y nunca para demostrar simplemente que la tienes, y convirtieras ese uso en el centro de tu vida tanto como sea razonable, ¿cómo sería tu vida?

Visualización

Vete entrando en una cueva, en una formación de rocas, en una costa azotada por el viento.
La entrada de la cueva es baja, pero la cueva es bastante profunda.
Miras al frente, al suelo de la cueva, y ves allí dos objetos.
Estos dos objetos simbolizan los dos usos de tu capacidad.
El objeto de la izquierda simboliza el uso de tu capacidad solo para demostrar que la tienes, para lucirla o quizá para salirte con la tuya.
Míralo con atención. Fíjate en cómo es ese objeto. Toma nota de su aspecto exacto.
El objeto de la derecha simboliza el uso de tu capacidad solo para ayudar a los demás.
Fíjate en cómo es ese objeto. Toma nota de su aspecto.
Si puedes, sostenlos los dos delante de ti, uno en cada mano.
Mira de uno a otro, viendo cada uno exactamente como es y notando el contraste entre ellos.
Ahora haz tu elección. Puedes elegir uno, o el otro, o quizá incluso los dos.
Haz la elección que esté en armonía con tu necesidad más profunda.
Una vez hecha tu elección, deja que el Espíritu Santo la comente.
Escucha lo que dice sobre tu elección.
Después, escribe lo que oigas.


Si quieres saber más de Helen, empieza por «Helen Schucman: quién fue la escriba de Un Curso de Milagros». Allí encontrarás también las demás partes de esta serie a medida que las vayamos traduciendo.

La serie completa. Robert Perry dedicó cuatro clases a las experiencias espirituales que llevaron a Helen Schucman a escribir el Curso: I. Las visiones de la sacerdotisa · II. La visión de la barca · III. La fase mágica (este artículo) · IV. La visión de la cueva del pergamino.

Robert Perry, «The Spiritual Experiences of Helen Schucman: Helen’s Magic Phase», Circle of Atonement. Traducción del Círculo Reparador. Las citas de Ausencia de felicidad son de la edición española (El Grano de Mostaza, 2006), y las páginas, las de esa edición.