Cincuenta años del comienzo de Un Curso de Milagros: lo que cuentan los cuadernos de Helen

por Robert Perry

Robert Perry, del Circle of Atonement, escribió este artículo el 21 de octubre de 2015, al cumplirse cincuenta años del día en que Helen Schucman empezó a poner por escrito el Curso. Lo publicamos traducido al español. Si buscas un resumen de quién escribió Un Curso de Milagros, lo tienes en nuestra página sobre el Curso; y sobre lo que el propio Curso dice de su origen, puedes leer «¿De dónde dice el Curso que vienen sus palabras?».


Hoy hace cincuenta años, el 21 de octubre de 1965, comenzó la escritura de Un Curso de Milagros. Los estudiantes del Curso conocen bien la historia. Una noche, mientras Helen Schucman anotaba algunos de sus pensamientos en un cuaderno, la voz que venía oyendo de vez en cuando desde aquel verano le dio una instrucción precisa: «Este es Un curso de milagros», dijo. «Por favor, toma notas». Helen llamó entonces a Bill Thetford, presa del pánico, sin saber qué hacer. Bill, sabiamente, le sugirió: «Intenta escribir un poco más y mira qué pasa». Helen recibió entonces una explicación mental según la cual, antes de venir a esta vida, había aceptado escribir Un Curso de Milagros como parte de una «prisa celestial» más amplia. Todavía insatisfecha, le preguntó a la voz: «¿Por qué yo? [...] Soy, probablemente, la peor elección que podrías hacer». La voz le respondió: «Al contrario. [...] Eres una excelente elección por una razón muy simple. Lo harás». Al contar esta historia, Helen decía:

No tuve respuesta para eso y me rendí. La Voz tenía razón. Sabía que lo haría. Y así comenzó la escritura de Un curso de milagros.

Esta es la historia que cuentan la autobiografía de Helen Schucman (pp. 41-42) y Ausencia de felicidad, de Ken Wapnick (pp. 202-205).1 Robert Skutch cuenta una historia parecida en Journey Without Distance (pp. 54-57).

Sin embargo, lo que ocurrió en realidad, según revelan los cuadernos de Helen, es algo distinto, y nos da una perspectiva un poco nueva sobre lo que pasó aquel día. La noche del 20 de octubre, Helen estaba anotando sus pensamientos y recibió de la voz su primera instrucción extensa. Ella tenía claro que la voz era Jesús (la llamaba «Cristo»). La instrucción trataba de las dificultades de Bill para recibir guía en la meditación, y también de «la lista de Bill», que al parecer era una lista de personas, revelada por la guía, a las que Bill tenía encomendado ayudar.

Helen anotó enseñanzas importantes para Bill sobre cómo podía recibir guía con más eficacia. Luego, cuando preguntó por la lista de Bill, recibió esta respuesta tajante: «Debería intentar conseguir su propia lista». Es decir, Bill debía buscar su propia guía sobre quién estaba en su lista.

Después Helen recibió la explicación mental sobre la «prisa celestial».2 En sus notas escribió esto: «Él [Jesús] cree que es el momento de dar algunas explicaciones para las que probablemente estamos preparados. Siempre hay riesgos en las aceleraciones. Todo esto se emprendió porque las cosas se estaban retrasando porque, de forma constante, muchísima gente perdía más de lo que ganaba». En su autobiografía lo desarrolló con más detalle (p. 41). La idea era que «la situación mundial estaba empeorando en un grado alarmante». La evolución espiritual de la humanidad estaba yendo hacia atrás. Para contrarrestarlo y devolverle a la humanidad su progreso, «personas de todo el mundo estaban siendo llamadas a ayudar»: venían a encarnarse para hacer sus contribuciones individuales «como parte de un plan general y preestablecido». Como contribución suya, Helen había venido a tomar Un Curso de Milagros (aunque, como veremos, ese título no lo oiría hasta la mañana siguiente).

Una vez recibida esta explicación, quedó claro que algo andaba mal. Helen anotó entonces fuertes advertencias de Jesús en letras grandes en el centro de la página: «Detente» y «Ten cuidado». Lo que andaba mal se aclaró a la mañana siguiente, la del 21 de octubre. Helen escribió:

AM --- Anoche se me pasó por la cabeza que había ocurrido algo muy malo. Me enfadé mucho porque pensé que no se me debería pedir que pidiera guía por ti [Bill], y esa era una forma de explotación muy peligrosa para mí, y que representaba para ti una técnica de evitación.

Pensé que todo este asunto era tan peligroso que tenía que decirte que no lo volvieras a hacer [que no volviera a pedirme que pidiera por él]. Brevemente me pasó por la cabeza (pero sin el más mínimo impacto emocional, lo cual siempre es sospechoso) que podría estar resentida por pedir guía para otra persona porque prefiero la idea de «exclusividad» [la de tener acceso exclusivo a la guía de la voz: que Cristo le diera guía solo para su propia vida, no para la de otros].

Cristo dice que puedo afirmar que algo va mal siempre que recibo una respuesta «brusca». Él no diría: «Dile que consiga su propia lista» de esa manera. El tono es incorrecto.

Esta mañana me ha quedado muy claro que en relación contigo [Bill] no lo he hecho bien, puesto que te pregunté qué era lo que tú querías para poder pedir de verdad en tu nombre. Esto era esencial y la respuesta debería ser respetada, salvo en lo relacionado con la lista, donde tuve un lapsus.

Tienes todo el derecho, es más, deberías hacerlo: pídeme que pida en tu nombre. Este no es un don egoísta, y es un verdadero don (esto también me altera). Tiene que ser usado para los demás y, particularmente, para ti.

[Jesús:] Pídele rápidamente a Bill que por favor te ayude a superar el que hayas sido antipática respecto a eso.

[Helen:] [...] Esto lo está retrasando todo.

Así que la noche anterior Helen se había enfadado porque pensaba que tener que pedir guía para Bill era «una forma de explotación» (de ella). Pero ese pensamiento venía en realidad de su propio deseo oculto de tener acceso exclusivo a Jesús: que él solo le diera guía sobre su vida, no sobre la de los demás. Al preguntar por la lista de Bill, ese deseo llegó a deformar lo que oía de él, y le hizo oír la respuesta «brusca» de «Debería intentar conseguir su propia lista». Jesús lanzó entonces fuertes advertencias para que no siguiera adelante, y a la mañana siguiente Helen comprendió por qué: «había ocurrido algo muy malo» cuando pensó que era «peligroso» para ella pedir en nombre de Bill. La verdad era justo la contraria: «Este no es un don egoísta, y es un verdadero don [...]. Tiene que ser usado para los demás y, particularmente, para ti». Se dio cuenta de que tenía que superar rápidamente «el que hayas sido antipática respecto a eso», porque eso lo estaba «retrasando todo».

Lo siguiente que anotó, todavía en la mañana (no la noche) del 21 de octubre, fue el comienzo de Un Curso de Milagros. Primero escribió: «Verás milagros a través de tus manos a través de Mí». Luego escribió el primer principio de los milagros, el que dice que «no hay orden de dificultad» entre ellos (T-1.1.1:1).3 Solo entonces escribió: «Este es un curso de milagros, por favor toma notas». Después anotó dos principios más —con lo que ya eran tres en total— y a continuación tuvo un breve diálogo con Jesús.

En ese diálogo se ve que Helen estaba fascinada con lo que ocurría. Al fin y al cabo, estaba recibiendo de Jesucristo algo llamado «un curso de milagros». Le preguntó: «Bueno, ¿Tú considerarías esto como una especie de milagro, tal vez?». Pensaba en que Bill encontraría esto fascinante. Quería salir corriendo a contárselo a Bill. Ante su entusiasmo, sin embargo, Jesús se mantuvo firme en lo suyo. Le pidió que leyera y releyera los tres primeros principios de los milagros tantas veces como pudiera ese día, «porque es posible que haya un pequeño examen esta noche».

En algún momento de la mañana Helen debió de llamar a Bill, porque Jesús le dijo: «Pero cuando sí veas a Bill [en el trabajo], asegúrate de decirle lo mucho que él te ayudó al darte el mensaje correcto». Muy posiblemente esta fue la llamada en la que Bill le dijo: «Intenta escribir un poco más y mira qué pasa».

Por último, Jesús le dijo a Helen que se fuera a trabajar: «Tienes mucho que hacer hoy. Vístete o llegarás tarde». Como si no pudiera soltar el proceso, siguió anotando pensamientos y guía en el taxi, camino del trabajo, y en ese rato Jesús le recordó una vez más que releyera el primer principio de los milagros: «Recuerda el punto 1 y reléelo ahora».

Este es el comienzo de Un Curso de Milagros tal como sucedió de verdad en las páginas del cuaderno de Helen. Es algo distinto de la historia que nos han contado. Que el Curso empezara a llegar por la mañana y no por la noche, por supuesto, no tiene importancia. Lo que sí la tiene es lo que parece haber sido el detonante que permitió que el Curso empezara a llegar: que Helen soltara el pensamiento de que estaba mal que recibiera guía para Bill. Mientras ese pensamiento seguía en pie, era un obstáculo que lo estaba «retrasando todo». En cuanto se apartó, el dictado del Curso empezó de inmediato. Así pues, parece que solo cuando Helen decidió que su don «no es un don egoísta» pudo empezar de verdad a recibir el Curso.

¿Qué nos dice esto de Un Curso de Milagros? Nos dice que desde el principio fue para los demás. Esta idea, por supuesto, la subraya con fuerza la explicación de la «prisa celestial» que se le dio a Helen, según la cual el Curso vino a ayudar a invertir el retroceso de la humanidad. El mundo estaba (y estoy seguro de que sigue estando) envuelto en llamas invisibles, y el Curso fue uno de los bomberos enviados al rescate.

En este quincuagésimo aniversario me siento profundamente agradecido a Helen por haber decidido que su don «tiene que ser usado para los demás», y no solo para ella. Lo que hizo me cambió la vida y, de hecho, se convirtió en mi vida. Y me siento aún más agradecido a Jesús por las palabras que le dijo a Helen, y a través de ella a todos nosotros. En todos los escritos del mundo no he encontrado en ningún sitio palabras como estas. Me pregunto cuál será el destino final del Curso. ¿En qué medida acabará de verdad ayudando a cambiar el rumbo de «la situación mundial»? Y me pregunto qué papel tendremos en eso yo y todos los demás. Porque, como herederos de Helen, sin duda también nosotros formamos parte de la prisa celestial. También nosotros debemos de haber venido aquí para ayudar a la situación mundial. Y, si hemos de lograrlo, también nosotros tenemos que decidir usar nuestros dones para los demás, y no solo para nosotros mismos.


Robert Perry, «On the Fiftieth Anniversary of the Scribing of A Course in Miracles», Circle of Atonement, 2015. Traducción del Círculo Reparador.


  1. N. del T.: Las citas de la autobiografía de Helen son literales de su edición española (Helen Cohn Schucman, Ph.D. Biografía, Fundación para la Paz Interior, 2025), cuya paginación coincide con la inglesa que cita Perry. Las páginas de Ausencia de felicidad son las de la edición española (El Grano de Mostaza, 2006). Las citas de los cuadernos de Helen son de nuestra traducción de la Edición Completa y Anotada, que las recoge en los cameos 1 y 2.↩

  2. N. del T.: En inglés, celestial speed-up. Tanto la edición española de la autobiografía como la de Ausencia de felicidad lo traducen como «prisa celestial», y así lo dejamos. En la nota de los cuadernos que citamos a continuación, la palabra es speed-ups, que en nuestra traducción es «aceleraciones».↩

  3. N. del T.: Seguimos la numeración de la Edición Completa y Anotada. En nuestra traducción, ese primer principio dice: «El primer principio de los milagros es que no hay orden de dificultad entre ellos».↩