## Bienvenida: el perdón, el tema más malentendido
José Ricardo: Bienvenidos, bienvenidas a *Develando Un Curso de Milagros*. Yo soy José Ricardo Fuentes y hoy vamos a hablar del tema que para muchos estudiantes de *Un Curso de Milagros* es a la vez el más conocido y el más malentendido de todos: el perdón. Vamos a explorar qué es realmente el perdón, cómo se practica, cuáles son las confusiones más comunes y, sobre todo, qué no es el perdón.
Para recorrer este camino, como de costumbre, me acompañan dos profesores del Curso que han dedicado mucho tiempo a estudiarlo y, sobre todo, a vivirlo en su vida personal: José Lorenzo Rodríguez y Martín Merayo. Bienvenidos a los dos. Así que, por favor, pónganse cómodos, abran el corazón y comencemos.
Díganme qué es el perdón según *Un Curso de Milagros*, de una forma breve. Por favor, José Lorenzo.
José Lorenzo: Yo creo que, lamentablemente, siempre que uno tiene que empezar a hablar del perdón en *Un Curso de Milagros*, tiene que empezar por lo que no es el perdón; es prácticamente inevitable. Así que disculpa que te cambie la pregunta, José Ricardo, y déjame empezar por allí.
## Lo que el perdón no es
José Lorenzo: Para entender lo que no es el perdón, vamos a tratar de entender el perdón como lo ve el mundo, que es nuestro concepto social del perdón. Normalmente pensamos en el perdón como un acto de alguna manera caritativo: porque yo quiero ser bueno, o quizás porque quiero ser bueno conmigo mismo, porque quiero buscar paz, porque es lo socialmente aceptado o porque es lo que espera mi familia de mí, yo renuncio a mi malestar y a mi derecho a retaliar o a vengarme de una persona que me hizo daño, a pesar de que esa persona no se merezca que yo suelte mi malestar o mi derecho. Eso es lo que normalmente pensamos que es el perdón en el mundo.
Y eso contrasta con lo que nosotros entendemos como la realidad. La realidad es que esa persona con la que yo estoy molesto me atacó, me hizo daño, lo hizo a propósito, sacó provecho de mí, y por lo tanto está justificado que yo me defienda, que yo me aparte, que yo me vengue, porque me hizo daño. Esa es la realidad. Sin embargo, por encima de esa realidad se me está pidiendo que yo me olvide de ello, que sea moralmente aceptable, que me sobreponga a mis sentimientos, que me olvide de la realidad tal como yo la veo y que sea bueno.
Por eso es que *Un Curso de Milagros* llama al perdón, como lo entiende el mundo, algo de excéntricos. Es una excentricidad. Porque ¿quién se puede dar el lujo de pasar por encima de la realidad y abandonar un derecho que tiene? El derecho a tomar lo que es suyo, a retaliar, a vengarse. Eso es el perdón según el mundo.
Y el perdón según *Un Curso de Milagros* es un perdón que está fundamentado en la realidad. En lugar de pasar por encima de la realidad tal como yo la veo y decir: «Bueno, lo que sucedió no importa; está ahí, pero voy a tratar de convencerme de que lo que pasó no pasó», el perdón de *Un Curso de Milagros* se enfoca en lo que sí es real: qué es lo que sí pasó, qué es lo que sí es verdad acerca de esta situación y acerca de la persona que parece que me hirió. Y fundamentado en esa realidad, como la describe *Un Curso de Milagros*, que es la realidad tal como Dios la ve, el perdón sí está justificado.
No es que yo abandone mi derecho o mi malestar por una excentricidad, sino que veo el malentendido en mi mente, y en razón de que la realidad es como es, de que me equivoqué y estaba viendo las cosas mal, está justificado soltar mi malestar y no vengarme. Eso, en una cápsula, es el perdón de *Un Curso de Milagros*, entendido por contraste con el perdón del mundo.
## Qué es el perdón
Martín: También te voy a modificar la pregunta, pero para no repetir a Lorenzo la voy a encarar por otro lado. Tenemos que recordar que este curso no está interesado en una terminología precisa, y si te ponés a estudiar el libro vas a ver que hay como mínimo setenta y cinco definiciones explícitas del perdón, de lo más variopintas: perdonar es pasar por alto, o mirar más allá, dependiendo de la traducción que utilicemos; perdonar es curar, que es mi función en este mundo. Una que me encanta: el deseo de verte unido a tu hermano y no separado. Esas definiciones parecen no tener nada que ver con el perdón tal cual lo concebimos.
Realmente es bastante difícil resumir brevemente el perdón, pero si lo tuviera que intentar, diría primero que es abandonar la creencia de que algo tiene el poder de alterar mi realidad. No estamos negando que la otra persona me tiró un plato en la cabeza o que me dijo que soy un soberbio, lo que sea. En este mundo, por más que sea un sueño, eso es un hecho que aparenta haber sucedido. Pero eso no tiene el poder de alterar mi espíritu, ni mi realidad, ni mi dignidad ante los ojos de Dios. Y no importa si soy yo el que hace el ataque, entre comillas: esto vale tanto para el otro como para mí.
Entonces, en un primer sentido es esto: abandonar la creencia de que algo tiene el poder de alterar mi realidad. Abandonar la creencia de que mis juicios condenatorios están justificados y son reales. Es renunciar a la idea de que tus resentimientos te traen un beneficio. Es abandonar tu deseo de proyectar la culpa en los demás. Y me estoy dando cuenta de que no estoy siendo breve.
José Lorenzo: Te interrumpo porque quisiera enfatizar algo que dijiste al principio, pero que creo que no está claro para los estudiantes de *Un Curso de Milagros* en general, que siguen conservando el concepto cultural del perdón: el perdón realmente es para la otra persona. Es decir, tú estás liberando a la otra persona del yugo que tienes en tu mente, de ese derecho del que hablé antes a poder vengarte. Realmente el perdón es liberar a la otra persona.
Todo lo que dijiste, quitar las proyecciones, es entender que yo no he sido herido, pero también entender que la realidad de la otra persona sigue siendo inmaculada, que el espíritu de esa persona no se ha manchado por haberme atacado. Y por esa razón, porque esa es la realidad de la otra persona, lo único coherente, lo único cuerdo, es liberar a esa persona, porque realmente la estaba viendo incorrectamente.
Martín: Sí, totalmente. Hay una especie de mito de que el perdón es solo para mí mismo. Y el Curso dice: no, tenés que perdonar a tu hermano para encontrar tu inocencia en él.
## «Lo que pensaste que tu hermano te hizo nunca ocurrió»
José Ricardo: Hay una definición en el Curso, cuando dice qué es el perdón: «*El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió*». ¿Cómo así que nunca ocurrió? ¿Qué es eso?
Martín: Esa es una línea que se utiliza mucho.
José Ricardo: La utiliza el Curso cuando pregunta qué es el perdón.
Martín: Pero los facilitadores la utilizan casi como el gran caballito de batalla que define el perdón. Y creo que hay que ser muy cuidadoso con esa frase, porque tenemos como mínimo dos interpretaciones posibles. No sé qué opinan ustedes. Ahora entro en eso, pero sí me gustaría recalcar una cosa: el Curso nos pide que el perdón sea total. No nos demos por satisfechos hasta que el perdón sea total. No es «perdono a mi mamá, pero mi papá, que se pudra en el infierno».
A mí me ha pasado eso. Una vez viene una persona a trabajar conmigo y me dice: «Ay, Martín, ya perdoné a mi madre, hice todo lo que me pide el Curso, pero no estoy en paz». Y me nació preguntarle: «¿Y a tu papá?». «No, ese maldito, que se pudra en el infierno». No vas a estar en paz si guardás resentimientos hacia alguien.
Pero, yendo a tu pregunta, esa frase está muy bien leerla en el contexto de todo lo que dice esa sección, que es muy clara con respecto a lo que es el perdón. Una primera interpretación, que a mí me parece la más útil a nivel práctico, es interpretarla en el nivel psicológico. Es decir, cuando decimos que el perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió, lo podemos entender como: la interpretación que hiciste de lo que tu hermano hizo es incorrecta.
¿Qué pensé que me hizo mi hermano? Me atacó. Viene Lorenzo y me dice: «Vos sos un tarado». ¿Y qué va a decir mi ego? «Qué irrespetuoso, qué malvado, no me valora, me está atacando». Esa es mi interpretación. El hecho es que me dijo esas palabras. Pero el Curso nos va a decir que hay otra interpretación posible. Eso que te dijo Lorenzo en realidad no es un ataque: es una petición de amor. Surge de una falta de amor. Probablemente sea una proyección, porque él se siente un tarado y me quiere hacer sentir un tarado a mí, por la creencia descabellada de que si él proyecta su sufrimiento en mí, va a sufrir menos. Si quieren, después hablamos de eso. Pero yo creo que la primera línea de interpretación de esa frase es entender que las interpretaciones que estás haciendo de los hechos que estás experimentando no son correctas.
Me parece muy útil comenzar por acá porque es algo que podemos practicar mucho más fácilmente. ¿Y por qué digo esto? Porque la otra interpretación es: como este mundo es un sueño, esto nunca pasó. Y eso también es una idea válida en el Curso, porque el Curso efectivamente dice que esto es un sueño, y lo podemos interpretar como: tu realidad nunca fue alterada porque te hayan dicho que sos un tarado.
Lo que pasa es que reducimos el perdón a esa maniobra de decir: «Bueno, esto es un sueño, en realidad nunca ocurrió». Primero, yo me preguntaría: ¿cuánta gente puede decir eso con honestidad? ¿Cuánta gente puede aplicar eso a todo? Porque si el insulto de esa persona no ocurrió, ¿sabés qué otra cosa no ocurrió? Vos. Yo no sé si las personas están dispuestas a decir «yo no ocurrí, yo no soy real». Entonces, si bien metafísicamente es válido interpretar esa frase como «esto es un sueño, nunca pasó nada, entonces no tengo nada por lo que enojarme», creo que en la práctica eso es más bien un escalón posterior que nos queda un poco lejano, y es mejor empezar por el nivel psicológico.
Y digo una cosa más y me callo la boca. Cuando leés esa sección en su totalidad, como bien decía Lorenzo antes, va a empezar a definir lo que no es el perdón. Y justamente ahí te dice que no perdonar es intentar distorsionar la realidad para que adquiera apariencias que a vos te gustan. Es decir, percibir de una manera que se acomode a tu ego. Entonces te está diciendo: «Mirá, lo que vos pensaste no es tan así». Y lo opuesto al perdón es aferrarte a esa interpretación que te resulta muy conveniente para tu ego: para victimizarte, proyectar culpa, creerte que sos el autor de la realidad, y un largo etcétera de deseos egoicos. Cuando leés esa lección te das cuenta de que el énfasis que está haciendo el Curso está en revisar tu percepción: ojo con la manera en que estás interpretando las cosas.
Y lo otro que tiene de genial, sobre todo ese primer párrafo, es que tiene muchos de los componentes que son importantes a nivel psicológico del perdón. Porque básicamente te está diciendo: «Mirá, una cosa son los hechos y otra cosa son las interpretaciones. Una cosa es ver errores y otra cosa es ver pecados. Una cosa es ver ataque y otra cosa es ver pedidos de amor». Entonces el Curso te va a decir: «Más allá de que este mundo sea un sueño, ahora quiero que te des cuenta de que estás viendo pecados, de que estás viendo ataques, de que le estás dando a tus interpretaciones una realidad que en realidad no tienen».
Y el perdón, para mí, sería abandonar esas interpretaciones. Pero para abandonarlas tenés que entender para qué las habías forjado. Y eso nos lleva, y podemos hablarlo después, al tema de la proyección. Porque yo quiero ver culpable al otro. El Curso dice: quieres ver tus pecados en tu hermano.
## Tres segundos para perdonar
Martín: Entonces ese deseo también hay que explorarlo.
José Lorenzo: Antes de que sigamos, creo que tenemos varios temas abiertos, y me gustaría sobre todo que hagamos un apartado mental para tocar más adelante el tema de la petición de amor, que creo que sigue siendo malentendido en el Curso. Pero quisiera poner un ejemplo aquí para que no quede todo abstracto.
Uno de mis ejemplos favoritos de los últimos meses es de mi esposa, que no es estudiante como tal de *Un Curso de Milagros*, pero se deja ayudar con estos temas. Su problema específico era que sentía que no era valorada en el trabajo: que todas las ideas que presentaba eran minimizadas y pasadas por alto, y que todo el mundo estaba por encima de ella todo el tiempo. Entonces yo la guié de manera que pudiera, como dice Martín, observar por qué estaba haciendo eso y verlo de otra manera.
En particular, el ejercicio que le propuse era este: el Curso dice que hay una chispa de luz en la otra persona. Es decir, hay algo en las otras personas que es todos los pensamientos amorosos y todas las acciones de amor que han tenido hacia ti. Enfocarse solo en eso es el perdón. Entonces ella simplemente puso su mente en silencio y pidió ver esa chispa de luz. E inmediatamente empezó a llegarle una procesión de imágenes de todas las veces que sus colegas la habían tomado en cuenta, habían celebrado sus éxitos, habían usado sus ideas. Y en solo tres segundos dijo: «Ah, estaba equivocada».
Y eso fue el perdón. Eso es dejar a un lado mi interpretación: yo pensaba que mis colegas estaban haciendo esto y resulta que estaban haciendo todo lo contrario. Yo estaba torciendo la realidad para que se adaptara a lo que quiero ver, que es que los demás son los malos y no yo; que no soy yo proyectando mi propia maldad en ellos. Ella torció la realidad, pero una vez que dice: «Bueno, estoy abierta a ver la verdad, ¿cuál es la realidad?», la realidad es que todas estas personas le tienen mucho aprecio. Y en ese instante siente la liberación que el perdón trae.
Si el mundo me está atacando, ¿qué tengo que hacer? Defenderme, vengarme de él. Pero la única respuesta realmente sana es detener el ataque.
## Hechos frente a interpretaciones
José Lorenzo: Ver las cosas como son y dar amor.
José Ricardo: Y el mecanismo psicológico de ver al otro, no la proyección que hicimos, sino como lo que realmente es: hablemos un poco de eso. Porque el perdón nos atañe a nosotros, porque estamos proyectando algo interno. Por eso tenemos que perdonar al otro, verlo como realmente es. Pero en realidad lo estamos haciendo por el problema que tenemos internamente.
Martín: Sí, yo creo que ahí, desde la perspectiva psicológica, hay tres elementos importantísimos que mencionamos brevemente antes, pero podemos entrar un poquito más en detalle, porque además nos va a ayudar a practicar.
El primero es distinguir hechos e interpretaciones. Parece una tontería; todos creemos que sabemos hacerlo. Pero cuando uno se pone a practicar se da cuenta: decime un hecho, y siempre viene una interpretación encima. A mí me gusta mucho la comunicación no violenta, que también hace mucho hincapié en esto, y cuando hago las prácticas cuesta mucho declarar un hecho sin meterle una interpretación, ningún juicio, ninguna opinión. Y el Curso lo enfatiza mucho; hasta te dice que confundes tus interpretaciones con la verdad y te equivocas. Y le pide al maestro de Dios que no confunda ni las ilusiones con la verdad ni los hechos con las interpretaciones.
Ese creo que es uno de los primeros pasos esenciales, entendiendo que el paso cero del perdón es darte cuenta de que no estás en paz. Cuando no estoy en paz es que hay culpa encerrada en algún lugar. Por ahí la estoy viendo en el otro, en mí o en todos. Pero si no estoy en paz, eso es una invitación al proceso de perdón. Y si fuéramos a construir un andamiaje de práctica del aspecto psicológico, yo creo que hay que empezar por acá: mi hermano hizo tal cosa.
Como pasaba con el ejemplo que dio Lorenzo antes: una persona en un trabajo recibe ciertos mensajes, su jefe le dice ciertas cosas y ella, en vez de quedarse con los hechos, hacía ciertas interpretaciones que obviamente tenían un propósito y no salían de un repollo. Había una proyección ahí. Entonces, hacer esa distinción es importantísimo.
Y acá entra el no juicio, porque una definición muy elemental de perdonar es no juzgar. De hecho, el Curso dice: «*el perdón observa, espera y no juzga*». Cuando yo estoy metiendo juicios, y juicios condenatorios, estoy haciendo lo opuesto al perdón. Entonces: estos son los hechos; si hay interpretaciones, las pongo un poco en duda, intento no juzgar, las entrego al Espíritu Santo, pido otra manera de ver. Tenemos muchas maneras de trabajar con esto, pero esa distinción es fundamental. Y acá podés hacerte varias preguntas: ¿esta interpretación que tengo es real? ¿Es amorosa? ¿Es verdaderamente así? ¿Estoy seguro de que es así?
José Ricardo: ¿Y cuáles son los motivos que tengo para hacer esa interpretación? Es muy importante mirarlo.
Martín: Eso yo lo pondría después, si lo tengo que ordenar, pero sin duda. Porque, como dijimos recién, las interpretaciones no salen de la nada. De hecho, tienen un propósito: yo quiero verte así.
## Error frente a pecado
Martín: La segunda distinción psicológica es entre el error y el pecado. Cuando hablamos de pecado no estamos hablando en términos bíblicos de los siete pecados capitales o de lo que nos dice la religión. En muy resumidas y malas cuentas, podríamos decir que el pecado es una manera de ver el error que lo define como algo imperdonable, que tiene el poder de alterar la realidad y que, por haberla alterado, te hace merecedor de castigo: ahora sos indigno del amor de Dios o de tus hermanos. El pecado sería un error tan terrible que altera la realidad y te vuelve indigno del amor.
Ahora, tomando la sugerencia de Lorenzo para llevarlo a lo práctico: cuando tu hijo se saca una mala nota en el colegio, vos podés tener ganas de educarlo y transmitirle el valor de la educación, y eso está perfecto. Yo puedo ver esa nota, ese examen reprobado, como un error que se puede corregir amorosamente —lo ayudaré a estudiar, hablaré con él, veré qué está pasando; cada padre sabrá qué hacer— o como algo digno de castigo: papá está enojado porque mi hijo se sacó una mala nota, y lo tengo que castigar. No estoy diciendo que no podamos poner límites; estoy diciendo que no ataquemos al otro. Una cosa es poner límites y otra cosa es atacar.
Nosotros solemos ver el error como pecado. A alguien se le pasó la paella, alguien se sacó una mala nota, alguien estacionó mal el auto, y psicológicamente decimos: «Ah, eso justifica mi ira; por lo tanto mis ataques están justificados y el otro no se merece ni mi amor, ni mi empatía, ni mi compasión, ni nada». Cuando alguien hace algo que no enriquece la vida, que no es amoroso, el Curso nos va a pedir que lo veamos como un error que se puede corregir. De hecho, el Curso dice que la salvación depende de que no veamos el error como pecado. Y la tercera distinción, que acá también…
José Lorenzo: Antes de que entres en la tercera, disculpa que te interrumpa. Me gustaría que quede muy sólida la comprensión de lo que es un pecado en el Curso. Déjame ofrecer una manera interesante de verlo. Imaginemos que todos nacemos con un valor intrínseco igual.
José Ricardo: Digamos que ese sería nuestro estado natural.
José Lorenzo: Sin embargo, yo puedo ver a otra persona que a través de su ataque intenta sacar beneficio. Por ejemplo, alguien que se estaciona mal, y tú dices: «Ah, esa persona está tratando de aprovecharse». A través de su ataque, o de hacer algo que a tus ojos no está bien, ves que está sacando beneficio de ello o que, de alguna manera, está disminuyendo tu propio beneficio. Y a tus ojos eso disminuye el valor de la otra persona: antes estábamos así, pero ahora te veo un poco por debajo de como te veía. Eso es lo que el Curso llama pecado. No es solo una mancha: ya no es lo mismo que antes. Antes estaba aquí, y ahora está más abajo. Y eso es lo que justifica el ataque.
Entonces, el pecado es básicamente esa disminución, a tus ojos, del valor intrínseco de esa persona, porque ha tratado de sacar provecho con su ataque. Y verlo como un error es entender que sí, se está tratando de aprovechar, ¿cómo no?; eso no se podría negar. Sin embargo, eso no disminuye su valor: su valor sigue siendo igual, porque fue establecido por Dios. Eso es lo que en el Curso se entiende por verlo como un error. No es hacerse la vista gorda y decir que no está tratando de sacar provecho o que no atacó. Sí atacó, sí sacó provecho. Sin embargo, eso no disminuye su valor. Ahora sí te dejo con la tercera que ibas a decir, Martín.
José Ricardo: Entonces, vuelve a decirlo rápido: la primera cosa a distinguir es…
Martín: Igual aclaremos una cosa: no es que el Curso te dé esto paso a paso.
José Ricardo: Estamos haciendo distinciones.
Martín: Claro. Lo más básico, para mí, es distinguir tus interpretaciones de los hechos. Lo segundo es distinguir el error del pecado: el error es algo que debe ser corregido amorosamente, y el pecado, si fuera posible, es algo que te vuelve indigno del amor, que disminuye tu valor, y por lo tanto lo que te merecés ahora es castigo.
## Los ataques como peticiones de amor
Martín: La tercera distinción es la que nos ayuda a ver los ataques como peticiones de ayuda, peticiones de amor, o como faltas de amor. Y acá, como dice Lorenzo, hay que aclararlo bien, porque a veces no se entiende. Para no ser tan abstracto, vamos a tratar de explicarlo con un ejemplo concreto. Si alguien viene y me insulta, me golpea o lo que sea, el mundo rápidamente va a decir: «Esta persona está atacando a Martín».
Y el Curso también afirma que nadie ataca sin la intención de herir. El Curso no niega que el que está atacando quiere herir a la otra persona, o quiere obtener un beneficio, o quiere quitarle algo. Lo que el Curso explica (estas no son las palabras del Curso, son mías) es que nadie que esté en paz, nadie que esté lleno de amor, nadie que confíe en Dios, nadie que sepa que es espíritu invulnerable podría querer quitarle nada a nadie, podría querer atacar a un hermano. Entonces, lo que el Curso te está diciendo es que, cuando alguien hace algo no amoroso, lo está haciendo por un profundo miedo, por una profunda culpa, por un profundo dolor o por una profunda falta de amor, que debe ser corregida completamente con amor.
De hecho, una de las definiciones de milagro tiene que ver con eso: suplen una falta, una falta de amor. Los obran aquellos que temporalmente tienen más amor en su conciencia para aquellos que temporalmente tienen menos. Entonces, no estamos diciendo que tengamos que dejar a un asesino suelto porque es un pedido de amor. Tampoco estamos diciendo, obviamente, que el otro me está diciendo explícitamente «dame amor» cuando me dice que soy un idiota. Lo que estamos diciendo es que en vez de…
José Lorenzo: Ni que te estaba pidiendo amor de una mala manera. Como si dijera: «Yo solamente te estaba pidiendo amor, pero lo dije a través de insultarte». No es eso.
Martín: No, no. Lo que estamos diciendo es que esa acción surge de una profunda falta de amor, y en vez de solucionar esa situación desde más ataque y más castigo…
La única respuesta posible que puede sanar, corregir y expulsar el miedo es el amor. Esta práctica nos ayuda a ver con más compasión. Siempre que he trabajado con alguien y ha podido ver esta distinción con claridad, en un segundo el resentimiento, el odio, el especialismo pierden potencia. Cuando vos entendés que el otro lo hizo desde el sufrimiento y desde una profunda locura, lo empezás a ver de otra manera.
## Perdonar no es aguantar
José Ricardo: Déjame hacerte una pregunta. Quiero que, por favor, subrayes y hables un poco más de algo que dijiste de pasada y que creo que es importante. Hay gente en el Curso que yo he oído decir: «Esas personas están haciendo eso para ayudarme, son mis maestros, están actuando mal para ayudarme».
Martín: Hay algo de eso en el Curso, porque el Curso le dice hasta a un terapeuta que sus pacientes en cierta medida vienen a ayudarlo a perdonarse por lo que considera sus pecados, y que todos te son enviados para salvarte y todos son tus salvadores. Te pide, de hecho, que veas a tu hermano como un salvador. Pero eso no significa que debamos perpetuarnos en relaciones tóxicas o de violencia en pos de practicar el perdón.
Yo veo mucho eso a veces. Estoy en un trabajo donde mi jefe todos los días me dice que soy un idiota, que soy una porquería humana, y hace de todo para herirme, y yo me quedo ahí porque soy el santo perdonador. Eso puede ser una trampa del ego, donde básicamente o me estoy autocastigando, o estoy practicando el perdón para destruir, o me estoy martirizando para sentirme especial.
Entonces ahí hay que hacer una distinción muy fina. Sí, yo puedo ver que el otro me está ayudando a ver una culpa que también está en mí, y si lo perdono a él me puedo liberar de eso. Pero eso no significa perpetuar un círculo vicioso que lo único que hace es reforzar mi especialismo y, en última instancia, la culpa, porque la culpa no se deshace de esa manera.
Jesús nos dice clarito que no está en busca de mártires, sino de maestros, y que tampoco se nos pide ser crucificados. Eso fue parte de lo que él aportó como maestro, dice en el Curso con esas palabras, y no deberíamos repetir ese ejemplo extremo, sino más bien seguir su ejemplo en situaciones mucho menos extremas. Entonces, nada de lo que estamos diciendo acá significa que ahora nos tengamos que martirizar o exponer a los ataques de las otras personas. Eso, en nuestro nivel de conciencia, no sería para nada amoroso.
Acá introduzco una distinción más: gran parte de lo que estamos hablando sucede como un proceso interno, como una manera de ver al otro, como una manera de renunciar a nuestros deseos de especialismo, de dejar de reforzar nuestras proyecciones. Es una manera de ver la realidad de nuestro hermano para poder ver la nuestra. Desde ese proceso, desde esa mentalidad milagrosa, si quieren, desde esa percepción verdadera, yo luego, incluso pidiendo guía al Espíritu Santo, podría ver qué es lo más amoroso en una situación.
Yo puedo practicar el perdón y llamar a la policía, en cierto sentido. Supongamos que hay un asesino serial suelto en mi barrio, matando todas las noches a una familia distinta. El perdón no es decir: «Es el santo Hijo de Dios, el Hijo de Dios es libre, vamos a dejarlo libre». Eso no sería amoroso para nadie, ni siquiera para el asesino. Una persona que asesina lo único que hace es seguir acumulando culpa. Ponerlo en una situación que lo ayude a dejar de atacar también lo ayuda a él a dejar de acumular esa culpa. Obviamente, este es un caso hipotético.
Entonces, lo que tenemos que hacer es no mandar al infierno a la otra persona. No es no mandarlo a la cárcel si está matando gente. Y esto vale lo mismo en nuestras relaciones personales. Si mi mujer todo el día me da con un garrote en la cabeza y yo me quedo ahí toda la vida practicando el perdón, yo sospecharía. Ahí puede haber gato encerrado.
José Ricardo: Y no le estás ayudando a esa persona, porque sigue en su odio. No hay nada que se esté corrigiendo. Siempre que hay una reacción, hay una contrarreacción. Tú decías que hay un momento en el que eso se puede acabar, cuando rompes ese ciclo respondiendo con amor.
Martín: De hecho, esa dinámica es profundamente destructiva. Supongamos que mi mujer todo el día me pega con un garrote en la cabeza y yo, muy espiritualmente, tolero sus ataques y la perdono todos los días. Eso a ella la va a hacer sentir cada vez peor, por esa desigualdad que se está generando, que decía Lorenzo antes. Entonces, ella va a necesitar atacar cada vez más, y eso te pone en un círculo vicioso del que es muy difícil salir.
Ahora, todo esto hay que verlo en cada caso. Habrá situaciones donde una relación sí puede continuar con el cambio que haya que hacer. A lo mejor hay un ladronzuelo que te robó una manzana. No sé si hay que llamar a la policía.
## Los ejemplos extremos y el hombre en mi puerta
José Lorenzo: Yo creo que la primera dificultad de hablar de este tema es que siempre que se habla de él nos encanta hacer hipotéticos extremos: ¿qué pasa si viene un asesino en serie? Pero yo creo que la gran mayoría de los ejemplos que el Curso quiere que tratemos son interacciones cotidianas, muy cotidianas.
Una de las cosas que a mí me llaman la atención de la gente que camina aquí por la calle es que se molestan cuando hay una persona caminando delante: «¡Qué lenta es la gente!». Es un ejemplo tan cotidiano y tan pequeño, y ese es el tipo de interacciones que el Curso quiere que trates, porque son las oportunidades de perdón que tienes todos los días. ¿Cuántos asesinos en serie conoces tú? Yo no conozco ninguno. Entonces hay que enfocarnos en lo que es práctico en nuestra vida.
Yo sí tengo un ejemplo extremo: una persona que quiso entrar a mi casa a la fuerza y me cayó a golpes, y gracias a mi indefensión esa persona terminó dándome un abrazo y las gracias por ser tan pacífico, y se fue. Puede ocurrir ese tipo de cosas, pero ¿cuántas veces me ha pasado eso en la vida? Una, y fue un caso extremo.
José Ricardo: Cuéntalo más en detalle, que la persona se equivocó creyendo que era… porque si no, no se entiende bien.
Martín: Perdón, justamente por ser un ejemplo extremo, porque acá hay algo interesante: nosotros muchas veces usamos ejemplos extremos para invalidar todas estas cosas. Entonces me parece muy pertinente la aclaración.
José Ricardo: Eso es muy importante, Martín, porque cuando estamos hablando de estas cosas en el Curso, siempre la gente sale con ejemplos extremos que no son personales. Es otra manera de evadir. Yo le estoy explicando algo a la persona y la persona me trae ese ejemplo extremo para no enfrentarse a la manera como está tratando a su hermana.
Martín: Claro, a la lección particular y cotidiana que tiene que perdonar, que de alguna manera está en sintonía con su nivel de conciencia y con las posibilidades que esa persona tiene. No digo que no podamos abordar ejemplos extremos, pero pueden ser manipulados.
José Lorenzo: Yo les cuento el ejemplo extremo, pero primero quiero que reconozcamos que la importancia está en el ejemplo práctico del día a día, y no en imaginarnos hipotéticos que probablemente nunca ocurrirán. La idea es que lo practiques tanto en lo cotidiano que el día que te venga un ejemplo extremo, si es que llega, porque no tiene por qué llegar, vas a estar preparado mentalmente para afrontarlo de una manera que jamás pensaste que se podía afrontar, y que tiene efectos curativos en ti y en la otra persona.
Mi ejemplo extremo empieza como una película de terror. Yo estoy dormido y alguien está tocando la puerta como si el edificio se estuviera quemando, y me despierto con esa idea: algo está ocurriendo en el edificio, hay que abrir la puerta y salir de aquí. Y cuando abro la puerta, la persona que está ahí es un hombre que me empuja y me dice qué hago en su casa, que esta es su casa. Y mi primer instinto es empujarlo de vuelta, pero la persona es mucho más fuerte que yo y empieza a ahorcarme, y entra.
Es todo tan surreal, porque yo me acabo de levantar: esto es un sueño, ¿qué está pasando? Y yo pido guía: «¿Qué está pasando? Dios, dime qué hago en esta ocasión». Y en ese proceso de preguntar me quedé muy, muy quieto. Dejé de luchar; simplemente me quedé quieto a preguntar qué hago en esta situación.
Y en esa quietud él me suelta, como que ya no hay más pelea, y empezamos a dialogar. Él dice que esa es su casa, y yo, a través de la razón, le decía: «Pero mira, el nombre en la puerta es mi nombre. ¿Es tu nombre?». «No, yo sé que ese no es mi nombre, pero esta es mi casa». Entonces él insistía en que quería entrar allí, hasta que eventualmente comprendió que no era su casa y me dijo: «Perdón».
Para mí el clímax del relato es que yo le digo: «¿Sabes qué quiero hacer yo?». Y yo estaba dispuesto a decirle: «Quiero irme a dormir; tú vete a tu casa y no ha pasado nada». Y cuando le digo «¿sabes qué quiero hacer yo?», él me dice en respuesta: «Yo quiero paz. ¿Qué quieres tú?».
Martín: ¡Increíble!
José Lorenzo: Yo dije: «Esto se transformó». Le digo: «Qué bonita palabra. Yo también quiero paz. Yo solamente quiero decirte que no ha pasado nada y que te puedes ir tranquilo a tu casa. De verdad, de verdad, no ha pasado nada». Y después ahí empezó una conversación muy larga, donde él claramente sentía culpa por lo que había hecho, y lo proyectaba afuera: que los demás iban a saber lo que hizo.
José Ricardo: ¿Qué había pasado? ¿Cómo se dio cuenta de que no era su casa? ¿Cuál era el problema?
José Lorenzo: A través de mi tranquilidad y la razón, de decirle: «Tranquilo, no es tu casa».
José Ricardo: Pero ¿él vivía allí? ¿Se equivocó de piso?
José Lorenzo: Al final sí. Al final viene el cambio de trama. Él estaba claramente drogado; por eso no entendía cuál era su casa. Cuando razono con él y le digo básicamente, palabras más, palabras menos, «estás libre de culpa, te puedes ir», él se va. Y después me entero de que es mi vecino nuevo del piso de arriba, que llegando borracho y drogado a su casa le abre la puerta un hombre y ve a una mujer atrás, que es mi esposa, y dice: «Me están montando los cachos». Esa ira desencadenó todo eso.
Pero a mí me sorprendió mucho mi respuesta: «Yo no voy a luchar, simplemente me voy a quedar tranquilo». Y su respuesta de vuelta hacia mí es: «Yo también quiero paz», y quiero estar libre de culpa. Ese liberarlo de culpa es como la acción concreta del perdón: ver que no ha pasado nada.
Entonces yo no quisiera que nos enfoquemos tanto en esos ejemplos extremos, en qué hago y qué no, porque cada ejemplo, como dijo Martín, es individual y requiere pedir guía. Pero ¿cómo luce para un estudiante de *Un Curso de Milagros*? Siempre luce como amor hacia la otra persona, como querer ayudar a la otra persona, querer sacarla de ese hueco de falta de amor.
Y claro, los vecinos llamaron a la policía, y la policía vino, y yo expliqué con mucha calma: «No pasa nada, es mi vecino de arriba. No tengo por qué poner una denuncia, porque realmente no ocurrió nada; simplemente fue un malentendido».
Martín: Lo que tenemos que entender acá, creo yo, es que por ahí otra persona en la misma situación tiene una experiencia completamente distinta. Por ahí sí hay que llamar a la policía, qué sé yo; solo que después esa persona hará su proceso interno y liberará de culpa al otro y a sí mismo de otra forma, si eso se expresa de otra forma. No estamos diciendo que este sea el modelo de conducta que todos tenemos que seguir, aunque el Curso sí habla de la indefensión y de un montón de cosas. En este caso se manifestó de esta manera.
Pero, como decíamos antes, nosotros tenemos que perdonar lo que nos convoca a nosotros, las experiencias que tenemos nosotros. Y para eso tenemos todo lo que hemos dicho hoy, todas las distinciones, tenemos las lecciones, tenemos todo el proceso.
## El director de orquesta
José Lorenzo: Yo quiero decir algo con respecto a eso. El Curso lo llama la necesidad de estudiar, y lo pone como un gran valor. Es importante estudiar. Y voy a formar un buen caso explicativo. Voy a utilizar a Martín de ejemplo, que obviamente es músico, por lo que tiene a su alrededor, y que eres director de orquesta, entiendo.
Martín: Ya no más.
José Lorenzo: Lo fuiste, por lo menos. Se sobreentiende que para llegar a ese punto se requirió un gran periodo de estudio. Yo puedo verlo desde lejos, ver a alguien moviendo una batuta y decir: «Ah, yo puedo hacer eso, mover la batuta». Pero obviamente no. Eso es producto de años de práctica, de estudio, de la teoría musical, etcétera.
Para que algo tan complejo se vea tan simple como «él simplemente mueve la batuta de aquí para allá», se requieren la destreza, la práctica y el estudio de muchos años. Se ve simple porque tiene la práctica. El Curso quiere que hagamos eso. Quiere que estudies, que lo leas, que practiques con los ejemplos pequeños y así vayas haciéndolo más grande, para que cuando alguien te vea ejerciendo el perdón, demostrándolo, diga: «Ah, pero es tan sencillo». Que se vea así de sencillo porque es producto de toda tu práctica.