## ¿Qué es un milagro? Una expresión de amor
José Ricardo: Hablemos de los milagros. Primero que todo, José Lorenzo, ¿qué es un milagro?
José Lorenzo: Estamos hablando, por supuesto, de un milagro en el ámbito de *Un Curso de Milagros*. Yo creo que primero tenemos que situarnos en el contexto cultural de Occidente, donde siempre hemos entendido que un milagro es una obra magnífica, algo excelente, algo que excede el orden natural: sanar a los enfermos, levantar a los muertos, caminar sobre el agua. *Un Curso de Milagros* construye por encima de ese término y, de alguna manera, quiere decir eso: algo excelente, algo que está por encima de lo que nosotros pensamos que es lo natural, lo físico de este mundo.
Sin embargo, le da un significado que está detrás de ello. Lo que es realmente natural, pero nos parece sobrenatural, es la expresión de amor que lo inspira. El amor que está allí, detrás del milagro, es lo que se expresa. Por ejemplo, Jesús, que era el obrador de milagros por excelencia y quien nos dictó *Un Curso de Milagros*, a través de sus expresiones de amor tuvo el poder de sanar a los enfermos, de levantar a los muertos, de transformar la historia, porque básicamente partió la historia en dos. Creo que no conocemos a otra persona en la historia de la humanidad que haya hecho una labor tan impresionante y que haya partido la historia en dos: antes de Cristo y después de Cristo.
Entonces, un milagro se define, por lo menos seis veces en el Curso, como una expresión de amor. Y una expresión de amor es algo tan mundano como suena: una persona le expresa amor a otra persona. Es un acto interpersonal, que podríamos llamar un acto de bondad, un acto de gentileza. Simplemente es eso, una expresión de amor, pero no tendemos a pensar que eso vaya a tener un efecto sobrenatural. Yo creo que esa es la parte que no nos imaginamos: que tiene un poder tan impresionante.
José Ricardo: ¿Quieres agregar algo, Martín?
Martín: Sí, coincido con Lorenzo, sin duda, en que la definición principal de milagro en el Curso es una expresión de amor. De hecho, es lo primero que nos dice. Es muy importante no disociar este término de quien lo está diciendo, que es justamente Jesús. Por el contexto histórico sabemos las cosas que hacía, y él mismo confirma en el Curso que hacía esas cosas. De hecho, uno de los principios del milagro es que los milagros te capacitan para curar a los enfermos y resucitar a los muertos. Jesús no niega esa definición de milagro tal cual la conocemos, pero sí la lleva a un nivel más profundo, que es el que mencionaba Lorenzo: expresión de amor.
Puede ser algo muy cotidiano, como un abrazo, una palabra, o puede ser algo más interno: una bendición, una manera de percibir correctamente a un hermano. Pero lo que Jesús nunca descarta es que los milagros son curativos, que suplen una falta, que, como decía Lorenzo, son interpersonales. El Curso utiliza mucho ese lenguaje: que el milagro es un gesto de amor entre iguales, que es el máximo servicio que le podés prestar a otros, que suple una falta. Entonces, como verán, Jesús enriquece la definición. Creo que, de alguna manera, lo que nos está diciendo es: «¿Vieron lo que yo hacía hace dos mil años? Bueno, la esencia de lo que yo hacía tenía que ver con esto, con una expresión de amor».
Ahora, hay una dimensión muy importante en la que Jesús insiste: que los milagros son hábitos y que deberían ser involuntarios. Y a lo que se refiere Jesús con esto no es solo a que es algo que debería suceder naturalmente, que debería ser habitual y automático, sino que Él hace un gran énfasis en que Él inspira y dirige los milagros, y organiza el tiempo y el espacio para que los podamos obrar. Si quieren, en un rato hablamos más de eso, porque me parece importantísimo.
José Lorenzo: Disculpa que te interrumpa, Martín, pero quiero subrayar el tema de estas dos definiciones de milagro. Naturalmente pensamos en los milagros como una magia, como un poder sobrenatural que solo Jesús tenía, un poder mágico. Pero Él contrasta ese término; de hecho, lo invierte: magia son otras cosas, quizás podemos hablar de ella. Al milagro le da una base teórica, y esa base, el fundamento del milagro, que es el amor, te está diciendo: todo el mundo tiene amor, todo el mundo ha experimentado amor en este mundo. Por lo tanto, ese poder que tú me viste tener, o que has oído que yo he tenido, lo tienes tú también, porque tú también tienes la capacidad de amar a otras personas. Realmente lo democratiza. Dice que los milagros tienen que ser democráticos.
Martín: Sí, eso es muy importante, porque creo que diste en el clavo ahí. Creo que lo que Jesús está tratando de hacer es decirnos: «Lo que yo hice vos también lo podés hacer, pero para que lo hagas tenés que entender qué es lo que yo estaba haciendo». Y era justamente dar amor. Y tanto es así que además nos advierte que no deberíamos usar los milagros para atraer creyentes ni para hacer un espectáculo; ese es uno de los principios. Jesús sabe que estas expresiones de amor, que después podemos ver cómo se manifiestan en la forma, pueden ser utilizadas para reforzar nuestro ego o como una forma de magia. Y Jesús no quiere que hagamos eso. Así que eso es importante.
## «El milagro es un cambio de percepción»: ¿de dónde salió?
José Ricardo: Hay una frase que todos hemos oído. Cuando empecé a estudiar el Curso iba a ciertas clases y me decían que un milagro es un simple cambio de percepción. Incluso Marianne Williamson dice que el milagro es un cambio de percepción del miedo al amor. ¿Por qué está eso tan extendido en el mundo de los estudiantes de *Un Curso de Milagros*? Yo he buscado y no hay una frase en el Curso que diga exactamente eso, que el milagro es un cambio de percepción. Se menciona en algunas partes. Lo que yo pienso personalmente es que obviamente tienes que cambiar internamente para poder expresar amor. Pero hablemos un poco de eso. ¿Por qué está tan metido entre los estudiantes de *Un Curso de Milagros* lo del cambio de percepción? ¿De dónde salió eso?
José Lorenzo: Yo creo que quizás hay dos razones grandes. La primera es que *Un Curso de Milagros* es una obra demasiado rica. A pesar de que han pasado ya sesenta años desde su publicación, apenas estamos entendiendo lo que Jesús realmente quería decir. Y esa primera ola de estudiantes y maestros del Curso, yo creo que hizo un esfuerzo sincero por entenderlo. Pero pocas personas escapan a la cultura en la que viven. Y la cultura de ese momento era más bien la cultura de la nueva era, del movimiento de…
José Ricardo: La cultura donde entró el Curso.
José Lorenzo: Exacto, la cultura donde entró el Curso, donde fue adoptado. En esa cultura, quizás la palabra amor se desligó un poco de lo que se entiende por amor interpersonal. Por ejemplo, en la cultura moderna, cuando le preguntas a alguien «¿cómo sabes que amas a tu esposa?», las respuestas que te van a dar son: «Porque me hace sentir así, porque cuando pienso en ella sonrío». Van a hablar de razones sobre sí mismos: cómo los hace sentir.
Sin embargo, históricamente, el amor siempre se ha entendido no como un sentimiento bonito que yo tengo hacia alguien, sino como una expresión: qué hago yo por la otra persona. Que yo vele por sus intereses, que cuide que esté bien, que quiera que progrese en la vida. Es algo que no es egoico, es acerca de la otra persona. Entonces, en ese marco cultural, yo creo que era fácil entender que un milagro, una expresión de amor, el amor mismo, es un conjunto de sentimientos bonitos que están en mí.
Y cuando se lee el Curso con un bagaje cultural y no se pone mucha atención a lo que realmente quiere decir el autor, uno dice: «Sí, sí, ya entiendo lo que dice. Esto es muy parecido a esta otra espiritualidad que yo estoy practicando». Entonces tendemos a omitir las partes del Curso que van en contra de lo que pensamos, o que nos están dando una información nueva. Yo creo que esa es la razón principal.
José Ricardo: Eso sucede en todas las redes sociales. Se forman silos de gente que siempre se da la razón entre sí. Es un fenómeno claro.
José Lorenzo: Precisamente. Es lo que el Curso llama la percepción: uno ve lo que quiere ver. Yo nada más veo lo que quiero ver. No sé si a alguno de ustedes le ha pasado explicarle *Un Curso de Milagros* por primera vez a alguien que está en algún tipo de espiritualidad, y que esa persona diga: «Ah, sí, yo hago eso mismo. Eso es lo mismo que hacemos en el budismo», o en tal otra cosa. Y claro, habrá muchísimos puntos en común, por supuesto que sí. Pero como hay tantos en común, tendemos a omitir los que no lo son.
José Ricardo: Martín, háblanos un poco de eso.
Martín: Sí, creo que es un tema del que podríamos estar varias horas de podcast hablando. Y creo que hay varias razones por las cuales esto sucedió, además de las que plantea Lorenzo. A ver: la frase, como vos bien dijiste, José Ricardo, «el milagro es un cambio de percepción» no aparece nunca en el Curso. Esa frase no aparece nunca. Pero el Curso mismo dice que es un curso que se orienta a corregir la percepción, y hay varios principios ligados a la percepción. Pero acá hay una diferencia fundamental que no se ha advertido.
Muchos maestros la han usado y, de hecho, era una definición de Bill Thetford. Bill tenía esa definición. Creo que escribió un prólogo, ahora no recuerdo bien cuál, donde habla de los milagros como esos cambios de percepción. Y tal vez de ahí se prendió esa definición. Y sin duda Ken Wapnick también llevó adelante esa definición. Después hay una razón que me gustaría abordar, que tiene que ver con las resistencias del ego.
Pero no es descabellado asociar el milagro a la percepción. De hecho, el Curso dice que el milagro, la percepción y la acción están íntimamente relacionados. Pero acá hay una sutileza que es fundamental. Cuando buscás, al menos en la edición de la Fundación para la Paz Interior, los términos milagro y percepción, aparecen veintidós frases. Y en esas veintidós frases lo que queda clarísimo es que lo que hacen los milagros es corregir la percepción. No son el cambio en la percepción.
Y eso no es menor (perdón, cierro la idea) porque te cambia toda la práctica. Es como decir, por ejemplo, el pan. El pan a mí me engorda si como mucho, pero el pan no es engordar. El pan es un alimento hecho de trigo, de carbohidratos, de lo que sea, que tiene ciertos efectos. Entonces, el milagro es una expresión de amor curativa, universal, inspirada por Jesús, que corrige la percepción.
Y esto, y ya te doy la palabra, José Ricardo, queda muy claro en varios pasajes que sospechosamente solemos olvidar. Porque muchas veces lo que se escucha decir es que el milagro es un cambio en la percepción y que, por ende, no cambia la forma, o incluso no debería cambiar la forma, porque la forma no es importante. Y eso va directamente en contra de lo que dice el Curso en la sección «La realidad inmutable».
Ahí se explica que el milagro es una expresión de amor que surge de una mentalidad milagrosa. Y ahora podemos hablar de eso, porque no estamos diciendo que la mentalidad no tenga un lugar en lograr un milagro: justamente, hay que cultivar una mentalidad milagrosa. Cuando la cultivás, el amor se expresa, y por ende el amor cura, y lo que sucede es que puede cambiar las formas para demostrar que eran una ilusión. Porque la realidad no puede cambiar; lo que puede cambiar son las ilusiones. Si quieren, profundizamos sobre esto, pero cierro el punto.
Entonces, ¿cómo corrige el milagro la percepción? Les doy un ejemplo un poco exagerado para que se entienda, y corríjanme si no están de acuerdo, porque a lo mejor estoy equivocado. Hay un hermano que está teniendo un problema, cualquiera sea: puede ser una enfermedad física, puede ser un problema económico, puede ser tristeza porque su mujer lo dejó, o lo que sea.
Mi trabajo como obrador de milagros, que es el término que Jesús nos atribuye a nosotros una vez completado el entrenamiento, es tener una mentalidad milagrosa con la cual percibir a mi hermano: no verlo como un cuerpo, no verlo como un pobre diablo, no verlo como un pecador, no verlo como alguien separado de mí. Y desde esa mentalidad recta, reconocer que él sí está sufriendo, y pedirle guía a Jesús para que me diga cómo puedo expresarle amor, si es que debo expresarle amor en ese momento a ese hermano. Puedo recibir la inspiración de decirle alguna palabra, de darle un abrazo o de orar por él; no lo sé, dependerá del caso.
Entonces, ese amor, como decía Lorenzo antes, se expresa. Y ese amor puede tener un efecto que no sabemos cuál va a ser, pero que tiene que ser en algún grado curativo. Si su enfermedad se cura, si su sensación de carencia disminuye, o su sensación de falta de amor disminuye, ahí ya hay un cambio en mi hermano. Y cuando eso sucede, ya sea porque de repente se ganó la lotería, que no es el objetivo, ya sea porque su enfermedad se sana, que tampoco es el objetivo sanar la enfermedad del cuerpo, ya sea porque ahora se siente digno de amor, eso es lo que confirma el cambio de percepción.
Porque esa persona antes se sentía como un ser no merecedor de amor, como un ser vulnerable, como un ser imperfecto, como un ser víctima de un mundo con leyes que lo aplastan, como un ser que en última instancia no es digno de amor y que está separado de su fuente. Entonces, cuando yo le expreso amor, su percepción va a quedar corregida, porque ahora se puede ver como un ser digno de amor: evidentemente lo está recibiendo y alguien se lo está dando. Y si su enfermedad sana, evidentemente el cuerpo no tiene poder sobre su mente, que es lo que el Curso dice que hace el milagro. Cuando habla de corregir niveles, significa darte cuenta de que el cuerpo no tiene poder sobre la mente.
Entonces, podríamos decir que, cuando se operan estos cambios que surgen de una expresión de amor, la percepción queda corregida, no solo la del que lo recibe, sino también la del que lo da, porque es imposible seguir pensando que estás separado de la fuente del amor y que sos un ser imperfecto, solo contra el universo.
## Un ejemplo cotidiano: el cumpleaños
José Lorenzo: Me gustaría traer un ejemplo mundano, de hoy mismo, que explica por qué el milagro cambia la percepción. Antes de estar aquí estaba en el cumpleaños de una amiga. Lo celebramos en la playa, y ella estaba muy conmovida porque pensó que nadie iba a venir. Y el hecho de que sus amigos hayan ido a su cumpleaños, con una invitación hecha con poco tiempo de antelación, que es una demostración de amor, le cambió la percepción acerca de sus amigos.
Dijo: «Wow, sí soy amada». No sé si esos eran exactamente los pensamientos en su mente, pero más o menos es el tren de pensamiento de lo que dijo: «Pensé que estaba sola, pensé que no le importaba a nadie, pero están ustedes aquí amándome». Y eso es un cambio de percepción; es lo que tú estás diciendo. El gesto de amor de los amigos le demuestra a la persona: «Yo estaba equivocada con respecto al mundo que estaba viendo. Pensaba que era la víctima del mundo, pensaba que estaba separada de los demás, pero mira, aquí están los demás amándome».
Martín: Y eso es importantísimo, perdón la interrupción, porque si mi definición de milagro es solo mi cambio de percepción, vos no tendrías que haber ido al cumpleaños. Simplemente deberías haber dicho: «Bueno, ella es la santa Hija de Dios, la percibo correctamente», y quedarte viendo el Francia-España mientras ella pasaba sola su cumpleaños. No, no: hubo un acto concreto. Y el mismo Robert Perry, cuando hizo su estudio de las notas originales buscando todas las cosas que Jesús llamaba milagros, encontró catorce ejemplos. Y de esos catorce ejemplos, trece eran gestos, cosas que la gente hacía, no cambios internos. Solo uno era algo interno, a modo de una oración por una hermana.
## Percepción horizontal y vertical (principio 47)
José Ricardo: Hay una frase en el capítulo 1, por lo menos en la FIP, que dice: «*el milagro, no obstante, entraña un cambio súbito de la percepción horizontal a la vertical*». ¿Qué te dice eso a ti, José Lorenzo?
José Lorenzo: Habría que buscar la cita completa. La percepción horizontal y la percepción vertical…
José Ricardo: ¿De qué estamos hablando?
José Lorenzo: Yo creo que la cita completa dice más. Deja que Martín trate de responder; quizás él la tiene más fresca. Voy a buscarla en la traducción nueva, si me permiten.
Martín: Esa es una de esas frases que surgen de principios que fueron bastante editados, y así aislada, como un principio solo, queda un poco fuera de contexto, porque ahí, si mal no recuerdo, en las notas originales Jesús da mayores explicaciones. Pero, grosso modo, lo que yo entiendo de esto, en el contexto que se viene hablando, es que el milagro es una expresión de amor, y por eje vertical nosotros tenemos la concepción de que Dios está arriba de todo.
Entonces, yo creo que a lo que se está refiriendo Jesús en estos pasajes es que hay una fuente del amor que es Dios, y eso es lo primero que te dice el Curso. Lo verdaderamente importante es la fuente del milagro, que es el amor, y el amor viene de Dios. Cuando vos entendés y ponés adentro de la licuadora todo lo que el Curso te está diciendo, te vas a dar cuenta de que nosotros somos vehículos de amor dirigidos por Jesús, que a su vez está en perfecta unicidad con el Espíritu Santo, que a su vez está en perfecta unicidad con Dios. Ese sería, de alguna manera, el eje vertical tal cual yo lo entiendo.
Hay un amor que comienza en Dios, que en el Cielo no tiene forma. Luego de la idea de separación, y de que el Hijo decidiera separarse, etcétera, requiere de un Espíritu Santo que traduzca ese amor a formas que sus hijos aparentemente separados puedan entender. Y Jesús, que era un hermano como todos nosotros, que fue el primero que desempeñó perfectamente su papel, entró en plena identificación con el Espíritu Santo, y ahora él puede dirigir el proceso de los milagros.
Entonces, hay un eje horizontal que tiene que ver con lo interpersonal, el amor que le doy a mis hermanos, y hay un eje vertical que tiene que ver con conectar con Dios, con el Espíritu Santo, con Jesús. De hecho, Jesús luego dice que él está entre tú y Dios para funcionar de puente, porque si no, la distancia sería insorteable. Yo creo que ese principio, que ahí está un poco aislado, tiene más que ver con esto. Pero me puede estar fallando la mente.
José Lorenzo: No, yo creo que tu explicación está muy bien, en el sentido de que, sin tener el contexto exacto, le podemos dar diferentes sentidos a horizontal y vertical, y tu interpretación creo que es perfecta. Encontré esto, que es el principio 47. Déjenme que se lo lea, es un párrafo corto. El principio 47, en la *Edición Completa y Anotada* de *Un Curso de Milagros*, tomado de las notas originales de Helen Schucman, dice: «*El milagro es un mecanismo de aprendizaje que disminuye la necesidad de tiempo.*» (T-1.47.1:1) «*En el plano longitudinal (u horizontal), la verdadera igualdad de todos los miembros de la Filiación parece implicar un tiempo casi interminable. Pero sabemos que el tiempo es sólo un artefacto introducido como ayuda para el aprendizaje. El cambio repentino desde la percepción horizontal a la vertical que conlleva el milagro introduce un intervalo del que tanto el obrador como el receptor del milagro emergen mucho más adelantados en el tiempo de lo que habrían estado de otro modo.*» (T-1.47.2:1-3)
Entonces, ¿qué quiere decir esto? En el principio 47 estamos ya adelantados: viene hablándonos de que el milagro es un igualador. Tú das una expresión de amor a otra persona para ponerla al mismo nivel que tú, porque los milagros provienen de las personas que temporalmente tienen más hacia las personas que temporalmente tienen menos. Tú das de tu amor abundante, como obrador de milagros, para igualar a la otra persona.
Y te dice que el objetivo final del Curso es uno en el que todas las personas estén al mismo nivel. Porque es un hecho obvio y tangible en este mundo que no todas las personas estamos al mismo nivel. Hay personas que claramente están más adelantadas en ciertas habilidades, en su capacidad de comprensión, en su capacidad monetaria. Es un hecho tangible y no lo podemos negar. Lo que dice aquí es que el Curso tiene como objetivo igualarnos a todos.
Pero uno pensará: bueno, ¿qué puedo hacer yo para igualar la situación de 8000 millones de personas? No sé cuántos somos ya. Se va a tardar una eternidad entera. Entonces él te dice: ese es el plano horizontal, en el que puede llevar un tiempo infinito. Pero llevaría un tiempo infinito si no fuera por el milagro.
Si nos imaginamos una escalera que nos va a llevar a Dios, que es el plano vertical, el milagro te lleva un escalón más alto de lo que te hubiese llevado atravesar la escalera horizontalmente. Es decir, si todos hiciéramos nuestros mejores esfuerzos sociales por igualar al mundo, tardaríamos millones de años, quién sabe cuánto. Pero el milagro, que viene del poder de Dios, del amor de Dios, tiene el poder de igualarnos acortando intervalos de tiempo que nos hubiesen llevado demasiado sin este mecanismo de aprendizaje. Es lo que quiere decir este principio.
## El milagro ahorra tiempo
Martín: Ahí puedo aportar dos cositas. Una, la importancia de ver también las notas originales y ver cómo esa sección de los principios de los milagros fue bastante editada; por eso hay algunos principios que están sacados de contexto o corridos de lugar, y las notas originales tenían una explicación mucho más nutrida de lo que significaban ciertos principios. Para todos los que quieran profundizar en eso, tienen la *Edición Completa y Anotada*, de la que después ustedes, chicos, pueden hablar más si quieren.
Pero quiero subrayar algo que dice Lorenzo, porque nosotros venimos hablando de que el milagro es una expresión de amor, que es la resignificación que Jesús da sobre lo que él hacía hace dos mil años. Dijimos que los milagros eran curativos, dijimos que corregían la percepción, pero Lorenzo señaló muy bien que el milagro tiene un propósito, que es el de ahorrar tiempo, y también sugirió que es un recurso de aprendizaje. El Curso lo menciona hasta el hartazgo, y es muy potente: son todos los pasajes donde el Curso habla de que el milagro no abole el tiempo, pero sí lo acorta en gran medida.
De hecho, hay un pasaje que a mí me encanta particularmente, que dice que si un número suficiente de nosotros adopta una mentalidad milagrosa, el tiempo que va a llevar consumar el plan de la Expiación, o de la reparación, se acorta muchísimo. No son palabras exactas, es palabra más, palabra menos, pero el concepto es ese: que si nosotros no realizáramos el milagro, el tiempo que nos lleva recordar que seguimos en el Cielo duraría muchos millones de años, o tal vez más, dice el Curso. Y esto es algo que aparece constantemente: dice que el propósito del plan de los maestros de Dios es ahorrar tiempo, que el propósito del milagro es ahorrar tiempo, y lo mismo un montón de recursos de enseñanza; la relación santa es una manera de ahorrar tiempo.
Así que me parece que no podemos disociar el milagro de aquello que tiene por objetivo, que es ahorrar tiempo, ahorrar sufrimiento, corregir la percepción. Y una cosa que me parece importantísimo señalar es que uno de los objetivos del milagro es enseñarnos que el amor no es temible. Justamente, el estado de separación se perpetúa porque le tenemos pánico a Dios, a la verdad, al amor, por la creencia de que nos hemos separado, de que esto es un gran pecado y de que ahora Dios va a castigarnos, nos va a destruir; porque presupone la disolución de nuestro ego, y un largo etcétera del que quizás podamos hablar en otro podcast.
Pero es muy importante entender que le tenemos pánico al amor, o, como dice el Curso, no es del amor de lo que tienes miedo, sino de lo que has hecho de él. Nosotros le proyectamos a Dios, le proyectamos al amor nuestros deseos de atacar, nuestros deseos de sacrificar, nuestros deseos de castigar, y ahora pensamos que Dios va a hacer eso con nosotros. Entonces le tenemos un gran miedo al amor.
Pero si el milagro es una expresión de amor inspirada por Jesús, inspirada por el Espíritu Santo, que está conectada con Dios por ese eje vertical, si se quiere, cuando yo recibo un milagro puedo aceptar que el amor no es algo a lo que haya que tenerle miedo: el amor me sana, el amor me protege, el amor es mi sustento, el amor es la fortaleza en la que confío; pongan las palabras que quieran. Entonces, el propósito del milagro es enseñarte, básicamente, que Dios te ama, que no estás separado de tu fuente, para que dejes de tenerle miedo y así elijas volver a unirte a Él.
## No hay grados de dificultad en los milagros
José Ricardo: Otro tema que quiero traer es algo que está en los primeros principios: que los milagros no tienen grados de dificultad, que no hay orden de dificultad. Uno dice: entonces es lo mismo curar a una persona, o simplemente ayudar con amor a una persona que está alterada, que levantar a un muerto. ¿Qué es eso? ¿Qué quiere decir que no hay grados de dificultad en los milagros? José Lorenzo.
José Lorenzo: Yo creo que primero hay que traer a la atención lo provocadora que es esa frase, y que sea la primera del Curso, el primer principio. Uno piensa: bueno, ¿qué es un milagro? Uno se imagina a Jesús haciendo milagros: levantó muertos, caminó sobre el agua. Y te dice: primera cosa que tienes que saber, ninguno es más difícil que otro. Y uno se tiene que quedar como diciendo: esto es un curso de milagros, es decir, Jesús me está enseñando a hacer milagros, y lo primero que me dice es que no importa, que mover una montaña es igual de fácil que curarle la gripe a alguien. Yo creo que primero es una frase de impacto.
José Ricardo: Es cuando te atacan.
José Lorenzo: Sí, es una frase de impacto, creo yo. Y es una frase de impacto porque contrasta con la razón por la cual no hay dificultad, que es una razón mundana: todos tenemos la capacidad de expresar amor. No hay orden de dificultad en los milagros porque toda expresión de amor es máxima. Máxima significa que no puedes exceder eso. No hay una que esté por debajo de otra; tendrán formas distintas, pero como expresión, en su valor, todas son máximas.
Y la frase es provocadora porque uno dice: bueno, pero hay expresiones de amor que son más grandes. Que yo vaya al cumpleaños de mi amiga parece mucho más trivial y mundano que, no sé, un filántropo que dona todo su dinero a una causa benéfica. Pero él dice que no, que toda expresión de amor tiene igual poder curativo para hacer un milagro, para tener este efecto que altera de alguna manera el orden físico.
José Ricardo: ¿Cómo ha sido tu relación con esa frase, Martín, cuando la encontraste, y cómo ha ido evolucionando tu entendimiento de eso?
Martín: Perdón, ¿querías decir algo más, Lorenzo?
José Lorenzo: Sí, para redondear la idea, lo que quería decir es que Jesús te lo da como un axioma, es decir, como una parte de su curso que tiene que ser tomada así: mira, esta es la verdad. Todo el sistema de pensamiento se va a anclar a esta idea, y sin esta idea el resto del sistema de pensamiento se cae. Entonces, tomar esa idea y aplicarla a cada cosa del Curso yo creo que es crucial, porque para obrar milagros siempre vamos a tener en mente: esto es muy difícil, en este sí puedo y en este no puedo. Pero si uno está aprendiendo el Curso, dice: si ya pude hacer este, no hay nada que me impida o que me vaya a dificultar hacer este otro, porque el Curso entero se basa en la premisa de que no hay orden de dificultad, de que todos son iguales.
Martín: Esto que dijiste sobre el axioma es importante: cuando el Curso repite tanto algo es porque sin duda es uno de sus pilares, y la frase de que no hay grados de dificultad aparece muchísimas veces, o variaciones de ella. Otro matiz, para sumar, no para corregir: dado que todas las ilusiones son lo mismo, no hay una ilusión más real que otra ni una ilusión más poderosa que otra. Por ejemplo, yo puedo estar viendo una película de terror o puedo estar viendo una comedia, pero no me requiere más esfuerzo apagar la televisión si es una película de terror que si es una comedia. Siguen siendo películas. No es más difícil despertar de un sueño lindo que de un sueño feo, por así decirlo.
Entonces, hay un componente que tiene que ver con que todas las ilusiones son lo mismo; que no haya grados de dificultad en los milagros es, de alguna manera, como la respuesta a las leyes del caos del ego y unas cuestiones así, pero no nos vamos a meter ahí ahora. Ese matiz creo que es importante.
Ahora, una cosa fundamental es lo que vos mencionaste, Lorenzo. Cuando leemos el Curso por primera vez, viene alguien y te dice: mirá, esto es un curso de milagros. ¿Vos qué definición tenés de milagro? Y bueno, será lo que hacía Jesús hace dos mil años. Che, ¿y quién escribió este libro? Jesús. Ah, bueno, entonces seguro que el tipo me va a explicar lo que él hacía hace dos mil años. A veces leemos el Curso a la luz de todo lo que ya sabemos de él y lo resignificamos a través de todo lo que ya sabemos, pero en realidad tenés que volver a esa etapa: yo no sé nada y empiezo a leer esto. Es imposible que a alguien le digan que esto lo escribió Jesús, que Jesús hacía milagros y que este es un curso de milagros, y que lea esa frase y no la asocie a lo que él hacía.
Entonces, para mí es como dice Lorenzo: cuando Jesús te dice que no hay grados de dificultad en los milagros, lo que te está diciendo es: che, para mí no fue más difícil caminar sobre el agua que resucitar a un muerto o devolverle la vista a un ciego, y vos tenés ese mismo poder; eso que a vos te parece más difícil o más fácil en realidad no importa, lo que importa es el amor que hay detrás de ese gesto curativo, de esa expresión de amor.
Ahora, una cosa que me parece importantísima es que el Curso empieza diciendo eso, es una de las frases más importantes desde el comienzo, pero después también sugiere que en el fondo es lo último que vamos a aprender. Eso me parece fabuloso. En el anexo de psicoterapia y en algunos pasajes del manual para el maestro, básicamente te dice que cuando el terapeuta, cuando el maestro de Dios avanzado, realmente comprenda que no hay grados de dificultad en los milagros, no habrá nada que no pueda hacer, nada que no pueda curar. Pero habla de ese nivel como de algo que se da muy pocas veces. Entonces, no sé si paradójicamente, pero creo que en esto tenemos que ser pacientes y entender que el mismo Jesús, si bien empieza diciéndote eso, también te dice que integrarlo de verdad es algo que está muy avanzado en el camino.
Hay otro pasaje que no lo pone en términos de grados de dificultad, pero sí en términos de a cuántas cosas querés aplicar el milagro. Te dice que no hay nada que los milagros no puedan hacer, y que lo que limita el poder del milagro en ti es que no lo querés aplicar a todas las situaciones: lo que vos querés decir es «bueno, yo voy a dar un milagro acá, pero acá no». Y te explica que eso es porque hay cosas que querés curar y cosas que no. En ese pasaje está hablando incluso de la curación.
Entonces, no hay grados de dificultad en los milagros, y al mismo tiempo lo que nos está pidiendo es: esto que yo te estoy enseñando, aplícalo a todo. Lo dice también al principio del libro de ejercicios: que las ideas son universales y deberían aplicarse a todas las cosas por igual. Y en la medida en que las apliques a todas las cosas por igual, ahí vas a consumar realmente lo que te estoy pidiendo.
Con el perdón pasa lo mismo, porque si yo perdono a todos menos a una persona, no se completa la ecuación. No nos demos por satisfechos hasta que el perdón sea total, dice el Curso. Me acuerdo de una vez que estaba trabajando uno a uno con una persona y me dice: «No, pero yo perdoné a mi mamá, perdoné a mi tía, perdoné a todo el mundo, y no estoy en paz». Y me nace preguntarle: «¿Y a tu padre?». «No, ese hijo de puta no se merece el perdón», me dice. Bueno, entonces no podés estar en paz mientras guardes un resentimiento.
Entonces, además de que no hay grados de dificultad en los milagros porque el Curso me dice que todas las ilusiones son la misma y son igual de fáciles de deshacer, también es una invitación a que confiemos —confianza es la palabra que utiliza, y otra palabra que utiliza es la fe— y apliquemos el milagro a toda situación. Eso nos va a llevar a entender que no hay grados de dificultad en los milagros y nos va a hacer avanzar realmente en el camino.
## La última lección de Jesús: la resurrección
José Lorenzo: Me gustaría decir dos cosas para enlazarlo con algo que dijiste, y que quizás sea interesante para quien nos escucha. Tú dices que Jesús nos dice que esta va a ser como nuestra última lección: entender que realmente no hay grado de dificultad. Y para Jesús mismo esa fue su lección. Hay una parte de lo que le dictó a Helen en la que a Ken Wapnick le da curiosidad: ¿será que sí hubo una resurrección física de Jesús?
Martín: Y le pregunta a Helen…
José Lorenzo: …«¿Puedes preguntarle, a ver qué nos dice Jesús?». Y Jesús da un discurso súper interesante sobre que sí, sí hubo una resurrección física, y da unos ciertos puntos diciendo que su última lección fue entender que trascender la muerte era igual que todo lo que hizo. Ahí fue que él entendió que realmente no había grado de dificultad en los milagros.
Y lo otro que me vino a la mente con esa idea tan buena que dijiste, de que no hay grado de dificultad en las ilusiones, es que hay una parte del Curso que explica que el amor, para ser amor, no puede ser un poco más amor aquí y un poco menos amor allá. Si Dios te diera un poquito menos de amor a ti del que me da a mí, sería un amor desigual, o un amor odioso, dice el Curso. Y esa es la razón verdadera por la cual todas las expresiones de amor son máximas: o es amor de verdad o no es amor. Si es un poco menos que amor, es un amor con algo de odio.
## ¿Por qué los milagros deben ser involuntarios?
José Ricardo: Hay otra parte del Curso que dice que los milagros deben ser involuntarios, porque incluso advierte que podemos dar milagros en momentos en que no se deberían dar. Entonces, dos preguntas aquí. Una: ¿podemos adquirir esa capacidad de dar milagros y no estar guiados por el Espíritu Santo o por Jesús? Y dos: ¿por qué dice el Curso que los milagros deben ser involuntarios? ¿Quién quiere empezar?
Martín: Yo puedo empezar con esto, porque ya lo habíamos advertido al principio. Hay varios lugares donde Jesús nos dice: antes de obrar un milagro, pregúntame. Advierte sobre esa trampa en la que puede caer un obrador de milagros: cuando vos estás muy seguro de que lo que estás haciendo proviene del amor, no te detenés a preguntarle a Jesús si debés expresar el amor en ese caso en particular. Y al no hacerlo te agotás, te quemás. Esto es lo que le había pasado a Edgar Cayce; si quieren, hablamos después de los detalles.
Son varios los pasajes donde Jesús dice: «Pará, pará, pregúntame». Y de hecho habla de que es posible llegar a un estado donde te dejás dirigir naturalmente por Jesús y ni siquiera tenés que pedir guía. Entonces, «involuntario» —de nuevo, este es un principio que está un poco modificado en la edición de la FIP— significa que no es algo que vos decidís con tu propia voluntad: «Yo voy a hacer este milagro de esta forma». Debería ser algo natural que surge de una mentalidad milagrosa, y vos le preguntás a Jesús si debés obrar ese milagro o no, y cómo obrarlo, y cuándo obrarlo.
Entonces es como cederle tu voluntad a Jesús, o unir tu voluntad a la de él. El Curso describe esto como un proceso de aprendizaje: dice que primero tenés que desarrollar la disposición a dejarte guiar por él, y que después esto se termina automatizando, al punto de recibir inspiración directa. De hecho, esa es la frase que utiliza: «*estarás actuando bajo comunicación directa*».
Hay un gran componente del Curso que tiene que ver con que pidamos guía, y acá es donde queda muy claro que el milagro jamás puede ser un cambio de percepción. Porque vos no le tenés que preguntar a Jesús qué cambio de percepción tenés que hacer: él te enseña a percibir correctamente de manera consistente. Lo que tenés que pedirle es cuándo y cómo expresar ese amor.
Y hay un pasaje fundamental y contundente que refuerza este punto. Porque nos podríamos preguntar: ¿por qué habría que preguntarle tanto a Jesús si tenemos que expresar amor, si él nos dice qué es lo que tenemos que hacer naturalmente? Primero, porque te podés agotar si obrás milagros indiscriminadamente, y porque pueden no ser efectivos, dice el Curso. ¿Y por qué sucede esto? Porque, como mencionamos antes, uno puede tener miedo de recibir amor, uno puede tener miedo de ser curado.
Entonces hay un pasaje fundamental que dice —de nuevo, paráfrasis libre, no es literal— que el milagro se debe expresar en un idioma que aquel que lo ha de recibir pueda comprender sin miedo, porque el propósito del milagro es reducir el miedo, no incrementarlo. Ese pasaje, que de hecho después es más completo, dice que vos tenés que expresar ese amor de una forma que la persona pueda entender, porque de lo contrario el milagro puede despertar más miedo todavía. En otro pasaje dice que la curación deberá esperar si este es el caso.
Recordarán el pasaje del Manual para el maestro donde dice que si una persona fuera curada repentinamente, y asocia su identidad a la enfermedad, caería en una profunda depresión o se apresuraría a quitarse la vida, porque ya no tendría nada más por lo que vivir. Entonces es muy importante que deseemos expresar amor, pero siempre tenemos que pedirle guía a Jesús sobre cómo expresarlo, cuál es la forma de expresar ese amor para que no le genere más miedo a la persona que lo va a recibir.
Si no lo hiciéramos, estaríamos yendo en contra del propósito del milagro. Si el propósito del milagro es enseñarnos que el amor no es temible, y yo te lo doy cuando vos no estás preparado para recibirlo, eso te va a incrementar el miedo: vas a estar aprendiendo lo contrario. Y el consuelo que nos da Jesús es que ese amor que vos querés dar no se pierde. Hay otro pasaje —Lorenzo, ¿me podés ayudar a recordarlo?— donde dice que los milagros que no se te pide que hagas no se pierden.
## Los milagros que das nunca se pierden
José Lorenzo: No tienes que preocuparte por esos milagros que has dado y que no se te han pedido, porque no se pierden. La metáfora que utiliza a lo largo del Curso, que lamentablemente no está traducida de forma consistente en la FIP, es *treasure house* en inglés: como una tesorería, o la casa de los tesoros. Cada expresión de amor que tú le das a alguien queda depositada en su casa, en su tesorería. Y en el momento en que la persona esté lista para abrir sus regalos, ahí están todas las expresiones de amor que ha recibido y que ha dado a otras personas, almacenadas para ser utilizadas en cualquier momento.
Entonces no tenemos que preocuparnos, como dice Martín, de esas que hemos dado sin preguntar. Sin embargo, como ya dijo Martín, no es lo más eficiente, porque podemos agotarnos y porque no va a tener la eficacia, el ahorro de tiempo que se está buscando con el milagro. Yo no agregaría mucho más a la pregunta de lo involuntario, porque creo que…
## Helen y el informe: un milagro hecho de mala gana
Martín: Igual hay algo importante que podemos sumar, y si lo recordás lo podés contar vos. Una de las preguntas de José Ricardo fue si podemos efectivamente obrar milagros sin recibir esa inspiración, o incluso no estando en esa mentalidad recta. Sin duda todos hemos dado amor por inspiración automática, nos pasa cotidianamente, y eso el Curso lo podría definir como un milagro. Pero no sé si recuerdan lo que se sabe de cuando Helen escribió el informe Shield…
José Lorenzo: …donde ella estaba…
Martín: …enojada cuando lo estaba haciendo. Y Jesús le dice: igual fue un milagro, y si te hubieras dado cuenta de que era un milagro, no lo hubieras hecho enojada.
José Lorenzo: Eso también se enlaza mucho con lo del cambio de percepción. Si un milagro fuera un cambio de percepción, uno se imagina: «Obré un milagro, mi percepción ha sido cambiada, pasé del miedo y de la rabia al amor». Y Jesús le da a Helen el ejemplo de un milagro que ella hizo de mala gana: se sintió presionada, se sintió injustamente tratada al final del proceso. Y uno diría: ¿pero cómo va a ser un milagro, si un milagro es un cambio de percepción?
Para hacer la historia corta de lo que ocurrió: Helen reescribe un informe en su trabajo a nombre de una colega que había hecho muy mal trabajo. Este informe estaba destinado a solicitar fondos para una organización que ayudaba a niños con necesidades especiales, y si el informe era muy malo, los fondos que destina el Estado para ese instituto no iban a ser aprobados. Pero Helen tenía mucho amor a esos niños y a ese instituto. El amor ya era preexistente en Helen, y ella lo expresó en la forma de reescribir el informe de manera que los fondos fueran aprobados, como en efecto ocurrió.
Y Jesús dice que es un muy buen ejemplo de un milagro, porque fue inspirado por el amor. Además canceló el error de su colega, canceló el desamor en un pasado distante hacia niños a los que Helen había herido, y además fue un regalo para él, para Jesús, y para los niños en general.
Martín: Y hay algo, perdón que interrumpa, importantísimo: Jesús, si mal no recuerdo, aclara que él podría haber hecho eso, podría haber solucionado esa situación. Pero dice: «Quiero que lo hagas vos, Helen, para que puedas reparar esa…».
José Lorenzo: …«porque tú lo necesitas».
Martín: Claro. Eso me parece fabuloso.
## ¿Qué es la mentalidad milagrosa?
José Ricardo: Totalmente brillante. Para terminar, todo esto me trae algo que ustedes han mencionado varias veces, pero que quiero que quede muy específico. Hemos hablado de mentalidad milagrosa: ¿qué es eso?
José Lorenzo: La mentalidad milagrosa es muy sencilla, realmente: significa estar en un estado de amor. Pero empecemos por qué es «mentalidad». Mentalidad es simplemente una predisposición. Tú sabes cuando una persona está predispuesta; usualmente uno lo usa en términos negativos: «Estás predispuesto contra mí». Significa que tu estado mental, los pensamientos que tienes hacia una persona, hacen que interpretes lo que hace la otra persona, o que reacciones hacia ella, de una manera normalmente negativa.
Pero ese poder de predisponernos negativamente hacia una persona podemos usarlo igualmente para predisponernos positivamente: a pensar bien de las demás personas y a reaccionar positivamente y con amor hacia ellas. Entonces, una mentalidad milagrosa es simplemente una predisposición a actuar de forma amorosa hacia los demás. Es decir, que mis pensamientos interpreten el mundo que me rodea así: aquí están mis hermanos; mis hermanos son valiosos por ser hijos de Dios; mis hermanos merecen amor; mis hermanos no están aquí para quitarme nada, porque Dios ya me lo dio todo.
Un conjunto de pensamientos que me predisponen a simplemente dar, a ser amoroso con los demás: eso es básicamente la mentalidad milagrosa. Y *Un Curso de Milagros*, yo creo que si le pudiéramos dar un título nuevo, sería un curso para mantenernos en el estado de amor, de manera que podamos expresar ese amor.
## Los impulsos milagrosos
José Ricardo: Esa era la pregunta que le iba a hacer a Martín: ¿cómo vive uno en una mentalidad milagrosa?
Martín: Ahora vamos al cómo. Pero quería sumar algo, no a la definición, sino otro concepto: los impulsos milagrosos. Es un concepto que en la versión de la Fundación no aparece tanto, sí un poco más en otras ediciones, pero creo que es muy importante. Porque una cosa es la mentalidad milagrosa, que es esta predisposición a amar, para decirlo básicamente, pero podríamos hacer una distinción con el concepto de impulso milagroso. Jesús advierte que estos impulsos se distorsionan y se canalizan hacia los impulsos sexuales: ese es el mecanismo que el ego tiene para distorsionar los impulsos milagrosos, que Jesús dice que están en un subconsciente muy profundo.
Esta es otra de las cosas que se le sacaron a la versión de la FIP, para mí lamentablemente, porque en las notas originales se detalla una estructura de la mente donde se habla de una parte consciente, una parte supraconsciente y dos niveles de subconsciente o inconsciente. El primero es donde reposan todos los impulsos físicos egoicos, los deseos del ego, toda la porquería del ego. Pero después, en un nivel mucho más profundo, están los impulsos milagrosos, porque nosotros somos amor y el ego, por más que quiera, no puede destruir lo que somos.
Y por ego ya sabemos que no estamos hablando de un diablito que hace cosas, sino de nuestro propio deseo de no ser lo que somos, básicamente. Nosotros no podemos destruir lo que somos, no podemos cambiar lo que somos por más que queramos. Entonces nuestro impulso de crear, nuestro impulso de amar, está latente en nosotros, y como no lo podemos destruir, lo que tiene que hacer el ego, dice el Curso, es canalizarlo adonde al ego le convenga, distorsionarlo.
Lo que el Curso dice es: mirá, en lo profundo de tu ser está tu deseo de crear, que en el Cielo se hace sin obstáculos, y en este mundo ese deseo se manifiesta en tu deseo de curar (de hecho, dice que tu función en la tierra es curar), en tu deseo de amar. Entonces, para cultivar la mentalidad milagrosa no solo hay que tener esa predisposición a amar, sino que también hay que despejar los obstáculos del subconsciente superficial para que emerjan o, la palabra que utiliza, lleguen a la conciencia los impulsos milagrosos. Todos naturalmente tenemos el impulso de amar y obrar milagros, pero nuestro ego bloquea eso. Si nosotros corremos los obstáculos, esos impulsos emergen naturalmente, y después Jesús los dirige, los reorienta.
El problema es que justamente por nuestras resistencias distorsionamos estos impulsos, y nuestros impulsos de amar los canalizamos hacia la sexualidad, dice el Curso. Con esto no estamos condenando la sexualidad, ni diciendo que no haya que tenerla ni nada parecido. Pero dice cómo maneja el ego los impulsos milagrosos: los canaliza hacia los impulsos sexuales, que lo que hacen es darle realidad al cuerpo. Refuerzan la creencia de que el cuerpo es la fuente del placer, te hacen creer que los cuerpos pueden unirse, porque lo más que te vas a unir a un cuerpo en este mundo es haciendo el delicioso con alguien; mucho más no se puede, perdón la cochinada. Y además, como la sexualidad es algo profundamente teñido de culpabilidad, termina reforzando la culpabilidad. Y en el baile también todos nos sentimos especiales, porque si alguien se quiere acostar conmigo, algo especial debo de tener. Es muy astuto el plan del ego para distorsionar esos impulsos.
Pero de nuevo, no estamos diciendo que no podamos tener relaciones sexuales, sino que tenemos que advertir qué es lo que el ego está haciendo con esos impulsos. Si vamos corriendo los obstáculos, vamos cultivando esa predisposición, estamos atentos a los pedidos de amor de nuestros hermanos, aunque sean en forma de ataques, y pedimos guía a Jesús, ahí vamos a obrar milagros naturalmente. Esa sería un poco la ecuación: despejo los obstáculos, que también implica mis errores de percepción; me mantengo alerta a las peticiones de ayuda de mis hermanos; me predispongo a amar; sigo la guía del Espíritu Santo y pido guía cuando la necesito, para no expresar amor de una forma que genere más miedo. Eso va a hacer que el milagro termine resultando. Ese sería un poco el aspecto práctico, les diría.
José Ricardo: Muy bien, creo que hemos…
## El ego no quiere que obremos milagros
Martín: ¿Puede ser una cosa más, que la tengo atragantada? Perdón, chicos, pero hay algo que me parece fundamental que quedó flotando en el aire, cuando hablamos de por qué se instaló tanto esto de que el cambio de percepción es el milagro. Nosotros hemos dado bastantes argumentos, creo yo, para decir que el Curso da otras definiciones. De hecho, yo me tomé el trabajo de, cada vez que aparecía la palabra «milagro» en el Curso (en la versión de la FIP aparece, creo, 571 veces), reemplazarla por distintas definiciones. Ponía tres: una era «cambio de percepción», otra era «expresión de amor» y la tercera era «lo que hacía Jesús hace dos mil años». Y la definición «cambio de percepción» no funcionaba casi nunca en el contexto de la frase; siempre funcionaba «expresión de amor» o «lo que hacía Jesús hace dos mil años», que no son cosas excluyentes. Eso me parece muy interesante y los invito a todos a hacerlo, porque les va a caer el veinte.
Pero adonde voy con todo esto: hay alguien muy interesado en que nosotros no obremos milagros. El ego no quiere que nosotros demos amor, porque al dar amor recibo amor, y al experimentar amor me uno al amor y se disuelve la separación, se disuelve el ego. Ya está: knock out, game over. Entonces el ego está muy interesado en que malinterpretemos este curso y que no entendamos lo que nos está queriendo decir. Y como buen engañador, el ego te va a hacer creer que estás entendiendo el Curso cuando en realidad estás entendiendo todo lo contrario. Esa es la típica estrategia de cualquiera que quiere engañar a alguien: hacerte creer que estás entendiendo las cosas, que no te des cuenta de que estás aprisionado, porque en cuanto te des cuenta vas a tratar de salir de ahí.
Esto es hipótesis mía, podemos no estar de acuerdo o pínchenla si quieren, pero yo creo que el ego tiene un gran interés en que nosotros malinterpretemos el concepto de milagro, y creo que lo ha logrado muy eficientemente, porque nos ha hecho creer durante sesenta años, a la gran mayoría de la comunidad de estudiantes de *Un Curso de Milagros*, que el milagro es simplemente un cambio de pensamiento en tu mente. Y al creer que es solo eso, nadie sale a dar amor, nadie le pide guía a Jesús, nadie sigue las instrucciones que están ahí en el libro, a simple vista.
Entonces yo no creo que la definición «un cambio de percepción» se haya difundido tanto solo por una cuestión histórica o cultural, sino porque hay una resistencia profunda a entender qué es un milagro, porque no lo queremos obrar. Entonces vamos a buscar una definición que nos quede cómoda, y la definición «cambio de percepción» nos queda muy cómoda, porque se limita a decir: «Bueno, es el santo Hijo de Dios, sí, lo bendigo; sí, esto nunca ocurre, le mando luz y perdón». ¡Hay que mover el culo, chicos!
## La experiencia de Martín: del YouTube al hospital
Martín: Y si me dan un minuto, les cuento cómo se manifestó esa resistencia en mí, y ahí me terminó de caer la ficha, porque tuve dos experiencias muy contundentes con respecto a esto. Hubo un momento, después de quince años de estudio, no a los dos días, en que dije: «Che, no sé si estoy entendiendo lo que es un milagro». Y en mi práctica, en mi meditación, dije: «Jesús, yo creo que entiendo, pero si no lo estoy entendiendo, enseñame, porque quiero entender de verdad lo que estás diciendo».
Y la semana en que dije eso me empezaron a llover peticiones de hermanos: que estoy en el hospital, que ayudame con esto, que por favor con lo otro. Y me acuerdo de que me empecé a enojar, porque en un momento dije: «Yo soy un man que explica un libro, ¿qué me voy a ir al hospital, qué te voy a hacer esto?». Y era gente que, en su desesperación, en su angustia, en su enfermedad, buscaba ayuda porque había visto un video mío de YouTube o lo que sea, y está perfecto. Pero yo empecé a detectar cierta impaciencia ante esos pedidos desesperados de ayuda de hermanos enfermos. Y cuando vi que no estaba en paz, me senté a practicar y dije: «Che, ¿qué está pasando acá?». Y lo primero que me llegó fue: «Vos me pediste que te enseñe lo que es un milagro y te estoy dando las oportunidades. ¿Entonces de qué te estás quejando, brother?».
José Ricardo: *Cuando un hermano te pide ayuda, es tu oportunidad de salvación.*
José Lorenzo: No hay nada más santo que ayudar a alguien que pide ayuda.
Martín: Totalmente. Y esa dimensión interpersonal es la fórmula de la salvación, dice el Curso. Entonces yo dije: «Ah, pucha, pará». Claro, porque si el milagro es solamente percibir correctamente, si mi manera de ayudar es explicar un librito por YouTube, es muy fácil. Pero cuando tengo un hermano que me dice que se está muriendo y me pide ayuda concreta, ahí ya es otro el juego.
Y empecé un proceso en el que me animé a dar ayuda en esas formas, al punto de que me fui a dar una charla a Brasil, que me invitaron, y terminé en un hospital con una familia desconocida que tenía que desconectar a una persona que estaba en coma. Si el milagro es un cambio de percepción, lo que hago es irme a mi habitación de hotel después de la conferencia y bendecir a mis hermanos. Ahora, si el milagro es una expresión de amor dirigida por el Espíritu Santo, por ahí hay que subirse a un taxi e irse a cien kilómetros a hablar con cinco personas que están llorando porque se le va a morir el marido. Y eso requiere un esfuerzo distinto.
El ego puede distorsionar eso, obvio, porque yo después me puedo creer el salvador, el superespecial; el ego puede distorsionar cualquier cosa. Pero hubo un momento en que empecé a cambiar esa definición de milagro y la empecé a ver como una expresión de amor curativa, interpersonal, que no tiene por qué estar siempre ligada a enfermedades: puede ser algo mucho más mundano, como hablábamos antes. Y cuando empecé a ver los resultados de eso, acto seguido, ¿qué me pasó? Me agarró miedo. Porque para mí no es cómodo salir a curar a los enfermos; es cómodo hablar del Curso por YouTube, ¿se entiende?
Entonces ahí tuve que confrontar mis propias resistencias, y ahí me terminó de caer la ficha. Claro, Jesús nos está diciendo en la cara: «Che, tenés que despejar los obstáculos, tenés que cultivar una predisposición a amar, me tenés que pedir guía, tenés que preguntarte si lo que estás haciendo es verdaderamente efectivo», y un montón de cosas que después implican una acción concreta, que muchas veces puede no ser cómoda. Y bueno, hay que verlo.
## Despedida
José Lorenzo: Qué bonita transformación, Martín. La verdad es que me emociona mucho esa historia.
Martín: Después les cuento bien todos los detalles.
José Ricardo: Muchas gracias. Vamos a seguir con esto y con más temas aquí, donde estamos publicando. Mándennos sus preguntas. Muchas gracias.
José Lorenzo: Un gran saludo a todos. Adiós.
Martín: Chau a todos.